En un estilo de vida como en el de hoy, es muy normal encontrar a personas cansadas, con irritabilidad, tensión, dolores de cabeza, falta de claridad mental o sensación de estar desconectados ellos mismos. Seguramente, tú seas una de esas personas. Y es que es normal, estamos rodeados de estímulos que nos sobrecargan, y sin espacio para poder sentir y regresar a nuestro cuerpo. Estamos saturados de tareas y objetivos que nos meten en el automático del día a día, y cuesta encontrar el momento para parar.
Pero no parar, tarde o temprano, nos pasará factura, y nuestro cuerpo nos hará ver todo aquello que ha estado soportando, pero que ya no puede sostener más. Es su forma de decirnos ¡basta ya!
Ese golpe se notará; vendrá en forma de cansancio crónico o de episodios fuertes de ansiedad o depresión. Estos síntomas van mucho más allá de lo que nos ocurre en el exterior. Todos estos síntomas tienen una gran base biológica, y absolutamente todos tienen un aspecto en común: la neuroinflamación.
Por eso la solución no puede solo basarse en cambiar algunas cosas fuera, ni siquiera hacer terapia o gestionarnos emocionalmente. La ansiedad, el estrés, la irritabilidad, la niebla mental, las migrañas o la fatiga crónica requieren que trabajamos el cuerpo, la parte bioquímica y la neuroinflamación.
Una pastilla, distraernos o respirar nos dará un alivio temporal; pero si no solucionamos la bioquímica del cerebro; estos síntomas volverán a aparecer.
Tabla de contenidos
El causante: la neuroinflamación
Es un proceso similar a la inflamación que puede ocurrir en otra parte del cuerpo. Cuando por ejemplo hay un virus, el cuerpo sin inflama para combatir al enemigo y reparar el cuerpo. Pero cuando esa amenaza es constante, la inflamación no cesa, y entonces es cuando aparecen síntomas de dolor crónico, desgaste del sistema inmune y falta de energía. Esto mismo ocurre en el cerebro.
- La neuroinflamación es una respuesta inmunitaria en el cerebro que lo protege ante una amenaza. Tiene el objetivo de reparar y limpiar. Sin embargo, este proceso se vuelve un problema cuando la amenaza se cronifica, haciendo que la neuroinflamación no se resuelva y se mantenga en el tiempo. Ante una neuroinflamación constante; los neurotransmisores se alteran, se daña la comunicación neuronal y las áreas del cerebro se inflaman afectando a la función cerebral. Es entonces cuando aparecen los síntomas como niebla mental, alteración emocional, migrañas, cansancio crónico…
A continuación, te dejo una tabla en la que puedes ver qué ocurre cuando se inflaman distintas partes del cerebro y las manifestaciones que producen.
Los 4 desencadenantes de la neuroinflamación
¿Por qué nos neuroinflamamos? ¿Y qué debemos tener en cuenta para volver al estado de calma y resolver nuestros síntomas neurológicos?
- El estrés crónico: Cada vez que percibimos una amenaza (real o imaginaria), nuestro cerebro interpreta peligro y da la señal de alarma activando el eje de estrés para producir cortisol y adrenalina. Estas hormonas cambian la fisiología de nuestro cuerpo para prepararlo para huir o luchar. Por ejemplo, harán que aumente la frecuencia del corazón, que la sangre vaya a los músculos, que aumente el azúcar en sangre, y detiene funciones no urgentes como la digestión o la reparación celular. Hasta aquí, si el estrés es puntual, todo bien; porque cuando el peligro desaparece, el cuerpo vuelve a su estado original.
El problema aparece cuando ese peligro nunca termina: cuando preocupaciones, carga laboral, miedo al futuro, traumas no resueltos o emociones atrapadas dan una señal de alarma constante y eje de estrés permanece activo todo el tiempo. Es en estas condiciones cuando el cortisol deja de tener un efecto regulador y se vuelve proinflamatorio. Las moléculas inflamatorias que se producen viajan hasta el cerebro por la sangre y dan nuevamente la señal de alarma. La microglía que son las células inmunes en el cerebro se activa, y empieza a producir moléculas inflamatorias. El cerebro se neuroinflama y aparecen los síntomas que vimos previamente.
- La disbiosis y permeabilidad: La neuroinflamación del cerebro puede venir por un problema en el intestino. Esto se debe a la comunicación directa que existe mediante el eje intestino- cerebro. Gracias a esta comunicación, el intestino manda información de lo que está ocurriendo, y vicerversa; influyéndose ambos órganos entre sí. Esta comunicación se da mediante impulsos nerviosos a través del nervio vago, o por la producción de moléculas inflamatorias, neurotransmisores y otros metabolitos que viajan por la sangre.
Cuando en el intestino tenemos una disbiosis (una alteración cualitativa y cuantitativa en la microbiota), el intestino tiene un entorno inflamatorio y manda la señal al cerebro de que algo está ocurriendo. En el caso de la permeabilidad intestinal; las uniones entre las células de la barrera se abren, y permiten que pasen a la sangre distintos tóxicos y toxinas bacterianas. Éstas activan el sistema inmune en todo el organismo, y las moléculas inflamatorias, así como toxinas, llegan al cerebro desencadenando la neuroinflamación.
Ciertos fármacos como antibióticos y AINEs, también pueden desequilibrar la microbiota y aumentar la permeabilidad favoreciendo la neuroinflamación.
- Nutrición neuroinflamatoria:La forma en la que nos alimentamos y nutrimos tiene un impacto en nuestra bioquímica interna, y la bioquímica de nuestro cerebro.
- Alimentación neuroinflamatori. El azúcar, harinas refinadas y ultraprocesados provocan picos de glucosa e insulina que activan moléculas inflamatorias. Las grasas altas en omega 6 (como aceites vegetales refinados) también activan la inflamación. Y como vimos en el punto anterior, una inflamación en el cuerpo tiene la capacidad de llegar al cerebro y provocar allí neuroinflamación. Es por eso por lo que al cambiar la alimentación muchas personas reducen sus síntomas neurológicos y mejoran su claridad mental y energía.
- El alcohol. Es un gran inflamatorio del cerebro, de hecho, la resaca es un proceso de neuroinflamación. La barrera hematoencefálica es una pared que separa el cerebro de la sangre, y controla qué es aquello que puede pasar y que no, para así proteger al cerebro. El etanol de las bebidas alcohólicas es capaz de atravesar esta barrera y dentro actúa como un neurotóxico: produce estrés oxidativo y promueve la liberación de moléculas inflamatorias. Por si no fuera suficiente, el alcohol también tiene la capacidad de aumentar la permeabilidad del intestino, haciendo que toxinas del intestino entren a la sangre y se active la inflamación en el cuerpo, que a su vez llegará al cerebro.
- La deshidratación. Es algo que solemos obviar pero que verdaderamente es esencial para el funcionamiento del cerebro y mucha gente no sabe hidratarse bien. Debemos tener en cuenta que un 80% del cerebro es agua. Una deshidratación del 1-2% ya altera la conducción eléctrica neuronal y puede provocar efectos como la reducción de la atención, la memoria o alteración del estado de ánimo. La falta de agua dificulta el drenaje linfático en el cerebro, complicando la eliminación de residuos y tóxico. Un cerebro deshidratado es un cerebro que puede inflamarse más fácilmente.
- El elemento fundamental del cerebro: la grasa. Llevar una alimentación baja en grasas es un error. Las grasas no solo tienen una función energética, sino que forman parte de estructuras muy importantes como las membranas celulares, las neuronas, hormonas y la sinapsis neuronal. El 60 – 70% del cerebro está formado por grasa, lo que resalta la importancia de que nos nutramos bien con grasas, y con las adecuadas.
Los ácidos grasos omega 3 son los más importantes para el cerebro; son esenciales lo que significa que no los producimos y debemos obtenerlos a través de la alimentación. Los podemos obtener a partir de pescados azules, huevos o mediante suplementación. Hay 2 tipos de omega 3:
- DHA. El que debemos consumir principalmente para el cerebro, pues forma parte de las neuronas y las sinapsis. Favorece la plasticidad cerebral, la memoria y la calma mental.
- EPA. Tiene una función reguladora de la inflamación, lo que va a ayudar a la función cerebral y va a promover un entorno no inflamatorio en el cerebro.
Otras grasas importantes para tu cerebro serán las monoinsaturadas (aguacate, aceite de oliva, frutos secos, aceitunas), saturadas de buena calidad (aceite de coco, mantequilla ecológica, yemas de huevo), y colesterol (también en mantequilla ecológica y yemas de huevo). El colesterol será esencial para la comunicación neuronal y la transmisión del impulso nervioso. Es importante consumir grasas, el problema ocurre cuando las juntamos con azúcares y carbohidratos refinados.
El ayuno: tu aliado para el cerebro
El ayuno es una estrategia fantástica para activar mecanismos biológicos de reparación celular, desintoxicación y producción energética. Cuando estamos 12-16 horas sin ingerir comida, le estamos mandando la señal al cuerpo de que es momento de limpiar y reparar. Durante el ayuno:
- Disminuye la producción de moléculas inflamatorias; lo que resulta en menos microglías (células inmunes en el cerebro) activadas, más calma y mayor claridad mental.
- Se activa la autofagia. Es un proceso de limpieza celular profunda en la que se eliminan proteínas dañadas, mitocondrias defectuosas y desechos oxidativos. En el cerebro esto significa eliminación de desechos neurotóxicos, microglías que en lugar de inflamar regulan el cerebro, y mayor regeneración neuronal.
- Cambia el combustible. En ayunas y en ausencia de glucosa, el cuerpo produce cuerpos cetónicos a partir de las grasas para obtener energía. En el cerebro, los cuerpos cetónicos además inhiben la inflamación de la microglía, mejoran la comunicación neuronal y producen BDNF, que es un factor que estimula la generación de nuevas neuronas.
Estrés emocional y trauma
El estrés emocional tiene los mismos efectos que el estrés físico en el cuerpo. El cerebro y el sistema nervioso no diferencian entre lo real e imaginario. Es por eso por lo que un pensamiento o una emoción se pueden percibir como peligro real para el organismo, que activará la bioquímica de supervivencia produciendo adrenalina y cortisol. Cuando esta activación es constante, al igual que explicamos en el punto del estrés crónico, el cortisol adquiere una actividad proinflamatoria que a su vez provocará la neuroinflamación en el cerebro.
El trauma emocional no procesado: Cuando una experiencia se vivió tan intensa que no pudo integrarse, el cuerpo queda atrapado, y la experiencia permanece como una memoria activa en el presente. Cuando distintas partes de nuestro cerebro reconocen un estímulo que lo relacionan con esa experiencia, el cuerpo revive esa memoria como si fuera real; y esto activa el sistema simpático y el eje del estrés, desencadenando inflamación y neuroinflamación. Hasta que la experiencia no se integra y el trauma se resuelve, el cuerpo se seguirá activando ante estímulos espontáneos, neuroinflamándose sin un peligro externo real.
Represión emocional: No permitirnos vivir y soltar las emociones también tiene la capacidad de neuroinflamarnos. Cuando la emoción no se expresa, ésta queda retenida en forma de tensión: los músculos se contraen (cuello, diafragma, mandíbula, abdomen), la respiración se acorta; y el flujo sanguíneo y linfático se altera, limitándose la eliminación de desechos. Esta tensión mantenida en el tiempo provoca una acumulación de radicales libres y metabolitos inflamatorios, se reduce el oxígeno que llega al cerebro y el sistema nervioso queda atrapado en alerta, en un sistema simpático activado.
Cuando hay tensión, miedo o bloqueo emocional: el cuerpo pierde la señal de seguridad hacia el cerebro, y el cerebro interpreta que estamos en peligro, activándose la microglía y la inflamación.
Todas estas afecciones neurológicas se deben a una neuroinflamación, en la se altera la funcionalidad de las partes del cerebro, y ello resulta en numerosas manifestaciones: migrañas, niebla mental, falta de memoria, cansancio crónico, irritabilidad, reactividad emocional, insomnio…
Pero no podemos tratar solo el cerebro para disminuir la inflamación, sino que el cerebro se encuentra profundamente conectado al resto del cuerpo mediante el sistema nervioso y ejes como el eje intestino – cerebro. Por ello, para cuidar el cerebro, deberemos tener un enfoque integral y considerar todo aquello que esté ocurriendo en el organismo; incluido el mundo emocional. Porque como hemos visto, las emociones y el trauma tienen la misma capacidad de activar la señal de peligro, aunque éste no sea real. Una percepción de amenaza constante en lugar de un estado de calma, provoca la activación de células inmunes en el cerebro, y con ello, la neuroinflamación. Sanar requiere integrar la esfera química con la neuroemocional.
Espero que te haya sido de utilidad este artículo
Nos vemos en el siguiente!
Álvaro
