Comprender la relación entre vísceras, emociones y cuerpo
A menudo pensamos que el dolor aparece exactamente en el lugar donde está el problema.
- Si duele el hombro, suponemos que el origen está en el hombro
- si duele el pie, pensamos que la causa está en el propio pie.
Sin embargo, el cuerpo humano funciona como una red profundamente interconectada, y en muchos casos el lugar donde aparece el dolor no coincide con el lugar donde se originó verdaderamente el desequilibrio.
Uno de los mecanismos que explica este fenómeno es la facilitación medular, un proceso neurofisiológico que ayuda a entender cómo algunos dolores musculares o fasciales pueden tener un origen visceral.
Tabla de contenidos
El cuerpo es una red, no un conjunto de piezas
Los órganos internos envían información constantemente al sistema nervioso a través de fibras sensoriales. Estas señales llegan a segmentos concretos de la médula espinal.
El detalle importante es que esos mismos segmentos también reciben información procedente de músculos, fascia, piel y articulaciones que comparten la misma raíz nerviosa.
La facilitación medular: cuando la médula amplifica la señal
Cuando una víscera está irritada o alterada durante mucho tiempo (por inflamación, estrés fisiológico o activación prolongada del sistema nervioso) las señales que envía hacia la médula se vuelven constantes.
Con el tiempo, ese segmento medular entra en un estado de hiperactividad llamado facilitación medular.
En ese estado, las neuronas reducen su umbral de activación y amplifican las señales que reciben, generando respuestas reflejas hacia los tejidos conectados a ese mismo segmento.
Esto significa que un órgano puede influir en músculos o fascia situados en otra parte del cuerpo. Como resultado puede producirse tensión muscular, rigidez o dolor en una zona donde aparentemente no existe lesión estructural.
A este fenómeno lo llamamos reflejo viscerosomático y explica por qué algunos dolores crónicos no responden completamente a tratamientos locales.
Las emociones también influyen en los órganos
Las emociones también juegan un papel importante en este proceso.
Las vísceras se encuentran reguladas por el sistema nervioso autónomo, que es el sistema que coordina nuestras respuestas de estrés, seguridad y supervivencia.
Cuando vivimos emociones intensas durante mucho tiempo (como ira, miedo o preocupación) estas emociones modifican el funcionamiento visceral.
Cambian el flujo sanguíneo, la motilidad de los órganos y la actividad nerviosa que llega a la médula espinal.
De este modo, una emoción sostenida puede contribuir a mantener la facilitación medular y a perpetuar patrones de tensión en el cuerpo.
Lo que la Medicina China ya sabía
Curiosamente, esta relación entre órganos, emociones y cuerpo ya fue descrita hace miles de años en la Medicina Tradicional China.
Según esta visión, el organismo está atravesado por una energía vital llamada Qi, que circula a través de una red de canales llamados meridianos.
Estos meridianos conectan los órganos internos con músculos, fascia, piel y sistema nervioso, creando una red funcional que integra todo el organismo.
- Cuando el Qi circula de forma libre y equilibrada, el cuerpo y la mente funcionan con armonía.
- Cuando el flujo se bloquea o se debilita, aparecen síntomas físicos y emocionales.
Los órganos también contienen aspectos de la conciencia
Desde la perspectiva de la Medicina China, cada órgano está relacionado con una emoción principal y también con un aspecto particular de la conciencia.
- El Hun, asociado al hígado, representa la visión, la creatividad y la capacidad de proyectarnos hacia el futuro.
- El Shen, asociado al corazón, representa la conciencia clara y la presencia mental.
- El Yi, en asociación al bazo, se relaciona con el pensamiento y la reflexión.
- El Po, asociado a los pulmones, conecta con la conciencia corporal y los instintos.
- El Zhi, relacionado con los riñones, representa la voluntad profunda y la resiliencia.
Cuando el Qi de los órganos está equilibrado, estas dimensiones de la mente también lo están.
Cuando un órgano se desequilibra, pueden aparecer tanto síntomas físicos como cambios emocionales.
El eje hígado – ira – hombro
El hígado se relaciona con la emoción de la ira y contiene el Hun, que representa la capacidad de imaginar, proyectarse hacia el futuro y tener dirección en la vida.
Cuando la energía del hígado está equilibrada, el Qi fluye con libertad y la persona experimenta creatividad, iniciativa y flexibilidad emocional.
Pero cuando la ira o la frustración se acumulan durante tiempo, el Qi del hígado puede estancarse. Este estancamiento suele manifestarse como tensión en el diafragma, presión en los costados, irritabilidad o sensación de rigidez interna.
Desde la perspectiva neurofisiológica moderna sabemos que el hígado envía señales hacia segmentos torácicos de la médula espinal, especialmente entre T5 y T10.
Estos mismos segmentos también están conectados con el diafragma, la región dorsal, la escápula y el hombro derecho.
Si ese segmento entra en facilitación medular, pueden aparecer síntomas en esas estructuras: tensión escapular, rigidez del dorsal o dolor en el hombro derecho. El hombro está expresando el síntoma, pero el origen puede encontrarse en el eje hígado–sistema nervioso–emoción reprimida.
El eje riñón – miedo – psoas – pie
Otro ejemplo interesante es la relación entre riñón, miedo y pie.
En la Medicina China los riñones representan la raíz de la energía vital del cuerpo y están asociados al elemento Agua. Albergan el Zhi, que simboliza la voluntad profunda, la resiliencia y la capacidad de sostenernos frente a los desafíos de la vida.
- Cuando esta energía está equilibrada sentimos estabilidad interna y fuerza para avanzar.
- Pero cuando el miedo se vuelve persistente o el sistema nervioso permanece en estado de alerta durante mucho tiempo, la energía de riñón puede debilitarse.
El meridiano de riñón comienza en la planta del pie y asciende por la cara interna de la pierna hasta la pelvis y la región lumbar.
En ese recorrido aparece un músculo clave: el psoas, uno de los músculos más implicados en las respuestas de supervivencia del cuerpo.
Cuando vivimos en estado de alerta o miedo prolongado, el psoas tiende a mantenerse contraído para preparar al organismo para la huida o la defensa.
Esto puede generar tensión lumbar profunda, rigidez en la cadera y cambios en la biomecánica de la pelvis.
Con el tiempo, debido al meridiano del riñón, esa alteración puede transmitirse hacia la cadena fascial que llega al pie, favoreciendo sobrecargas en la fascia plantar y contribuyendo a la aparición de fascitis plantar.
Escuchar al cuerpo desde una mirada holística
Cuando observamos estos procesos desde una mirada amplia, se vuelve evidente que el cuerpo humano no funciona por partes aisladas.
Los órganos influyen en el sistema nervioso, el sistema nervioso influye en músculos y fascia, y las emociones influyen profundamente en los órganos.
La conciencia y el estado emocional forman parte de la fisiología del cuerpo, tanto como los tejidos físicos.
Por eso, comprender estas conexiones cambia la forma de abordar el dolor.
En lugar de centrarnos únicamente en el lugar donde aparece el síntoma, podemos preguntarnos qué está ocurriendo en el sistema completo.
En muchos casos, el lugar donde aparece el dolor no es más que la última pieza visible de una historia mucho más profunda que el cuerpo intenta contarnos.
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Hasta el próximo artículo.
Álvaro.
