El sistema inmune, lo que necesitas saber

Hay pacientes que llegan a consulta con alergias persistentes, enfermedades autoinmunes, infecciones recurrentes, fatiga, dolor, problemas digestivos o inflamación que no terminan de resolverse.

Cuando trabajamos con estos síntomas a menudo tendemos a fijarnos solo en el síntoma o en calmar al sistema inmune. Pero no podemos limitarnos a mirar anticuerpos, histamina, microbiota, permeabilidad intestinal, virus, inflamación o déficits nutricionales. 

Todo esto puede ser importante, pero cuando los problemas aún persisten, debemos mirar una capa más base:

¿En qué estado se encuentra el sistema nervioso de esta persona?

El sistema nervioso y el sistema inmune no funcionan como sistemas independientes. 

Se comunican continuamente mediante neurotransmisores, hormonas, citocinas y vías nerviosas. El cerebro informa al sistema inmune sobre la presencia de peligro, y el sistema inmune informa al cerebro sobre infecciones, daño del tejido e inflamación.

Por eso, un organismo que lleva meses o años interpretando que existe una amenaza puede modificar profundamente su forma de responder inmunológicamente.

Tabla de contenidos

El problema no es activarse, sino no poder desactivarse

La respuesta al estrés es necesaria para sobrevivir. 

Ante una amenaza, el sistema nervioso simpático aumenta la frecuencia cardiaca, moviliza glucosa, aumenta la vigilancia y prepara al organismo para actuar.

En paralelo, libera adrenalina y noradrenalina. Estas catecolaminas no solo influyen en el corazón, los músculos o la presión arterial. También actúan sobre las células inmunitarias y sobre vías moleculares relacionadas con la inflamación.

Una de las más importantes es NF-κB, un factor de transcripción que activa genes relacionados con la producción de citocinas, enzimas inflamatorias y moléculas de defensa. Cuando la noradrenalina o alguna señal de peligro llega a la célula, NF-κB puede activarse y estimular una respuesta proinflamatoria.

Esto es necesario, y debe ocurrir así. Si una persona necesita escapar de un peligro, tiene sentido que el organismo se prepare también para una posible herida o infección.

El ciclo sería: 

detectar el peligro, activarse, responder, resolver y recuperarse.

Pero el problema ocurre cuando el sistema se queda bloqueado sin llegar a la última fase.

Cuando el peligro es constante (por estrés crónico, falta de sueño, trauma, hipervigilancia, dolor persistente, aislamiento, conflictos emocionales o sobrecarga) la respuesta de defensa se mantiene y deja de ser un evento puntual.

El organismo permanece preparado para luchar, huir o defenderse incluso cuando aparentemente está descansando.

El eje HPA y el papel del cortisol

Después de la activación simpática (de activación), el cuerpo pone en marcha el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal, el eje HPA.

El hipotálamo libera CRH, la hipófisis produce ACTH y las glándulas suprarrenales liberan cortisol. Al cortisol suele llamarse como “la hormona del estrés”, pero esto no es del todo correcto o completo. 

El cortisol es también uno de los principales reguladores de la respuesta inflamatoria.

En una respuesta adaptativa, la noradrenalina ayuda a activar la inflamación y el cortisol ayuda a frenarla. El cortisol se une a su receptor glucocorticoide y favorece mecanismos que bloquean NF-κB, reduciendo la transcripción de genes inflamatorios.

Es como si: 

La noradrenalina pisara el acelerador.
El cortisol utilizara el freno.

El organismo sano necesita ambos.

Necesitamos la activación de la defensa. Y la regulación para la resolución y la vuelta al punto de equilibrio. 

¿Qué ocurre con el estrés crónico?

Cuando esta respuesta se repite constantemente, el eje HPA puede perder el control y ser menos preciso. 

Algunas personas se quedan con niveles elevados de cortisol. Otras desarrollan un ritmo alterado, y dejan de seguir su curva habitual. Por ejemplo, cortisol que baja por la mañana… se mantiene alto. 

También puede aparecer una respuesta insuficiente ante nuevos estímulos o una disminución de la sensibilidad de los receptores glucocorticoides produciendo una resistencia al cortisol.

Esto significa que la hormona puede estar presente, pero la célula no responde bien a su mensaje. Es como pisar fuerte el freno, pero que el coche no lo detecte y no disminuya la velocidad.

Cuando la señal del cortisol deja de frenar adecuadamente la inflamación, NF-κB y otras rutas proinflamatorias pueden mantenerse más activas. La inflamación no está tan alta como en niveles propios de una infección aguda, pero tampoco desaparece.

Y así es cómo surge un estado de inflamación crónica de bajo grado.

Un sistema simpático muy activo, apoyado por una respuesta de cortisol insuficiente o por receptores poco sensibles, puede provocar que sea más difícil cerrar la inflamación. 

Alergias: cuando el sistema reacciona demasiado

En una alergia, el sistema inmune responde de forma muy reactiva a sustancias que deberían tolerarse más cómo: polen, alimentos, ácaros, animales u otras moléculas ambientales.

Cuando hay un exceso de alergias, indidca que el sistema inmune ha perdido precisión.

El estrés crónico puede modificar el equilibrio entre diferentes tipos de respuesta inmunitaria. 

El cortisol y la noradrenalina pueden favorecer un desplazamiento de respuesta inmunitaria hacia respuestas más relacionadas con IgE, mastocitos, eosinófilos e histamina.

Además, la activación simpática puede alterar la función digestiva, la microbiota y la permeabilidad intestinal. Si la barrera intestinal pierde integridad, el sistema inmune queda expuesto a más antígenos, aumentando la posibilidad de respuestas desproporcionadas.

Por eso, ante una alergia persistente, debemos explorar además del alérgeno… el nivel de alerta, el sueño, la digestión y la capacidad de resolución de la inflamación

Infecciones recurrentes: mucha inflamación, poca eficacia

También podemos encontrar pacientes inflamados que sufren infecciones frecuentes.

Esto sucede porque un sistema inmune desregulado no es capaz de hacer frente a los patógenps de forma eficaz. 

El estrés mantenido en el tiempo puede reducir algunas respuestas celulares necesarias para controlar virus y microorganismos intracelulares. 

La activación simpática puede desplazar la respuesta de Th1 (virus, bacterias) a Th2 (alergias, histamina, parásitos grandes). El cambio hacia una respuesta Th2 puede disminuir la eficacia de Th1, y así es cómo los virus pueden aprovechar y reactivar infecciones. 

Así, el paciente puede tener inflamación crónica de bajo grado y, al mismo tiempo, sufrir infecciones de repetición

El sistema inmune está activo, pero no está bien regulado ni es lo eficaz que podría ser. 

La mirada clínica del terapeuta

Ante alergias, autoinmunidad, infecciones recurrentes o inflamación crónica, podemos preguntarnos cómo está su sistema nervioso:

¿Cómo duerme la persona? ¿Puede relajarse? ¿Vive en hipervigilancia? ¿Se despierta cansada? ¿Los síntomas empeoran después de sobrecarga o falta de sueño? ¿La respiración es rápida, tiene palpitaciones, tensión mandibular o problemas digestivos? ¿Tiene periodos de hiperactividad y agotamiento?

De la amenaza a la seguridad

El objetivo no consiste simplemente en “bajar el cortisol” o en obligar al paciente a relajarse.

Lo que debemos buscar es una flexibilidad autonómica: es decir, tener la capacidad para activarse cuando es necesario y para volver después a un estado de seguridad.

El nervio vago tiene un papel central en esta transición porque conecta cerebro, corazón, pulmones y sistema digestivo. La actividad vagal favorece la digestión, el descanso, la regulación cardiaca y la modulación de la inflamación.

Con herramientas como neurobreath o respiraciones de coherencia cardiaca (respirar de forma lenta y regular, aproximándose a unos seis ciclos por minuto) conseguimos ordenar el latido cardíaco, la sincronización con el cerebro y la percepción de seguridad. 

Un sistema inmune necesita percibir que el peligro ha terminado para regularse y frenar la respuesta. 

Mientras el sistema nervioso continúe enviando señales de amenaza, será difícil completar los procesos de resolución, reparación y tolerancia.

Para muchos pacientes, ayudar al cuerpo a salir de la alerta puede ser el primer paso para que el sistema inmune deje de defenderse de todo y vuelva a distinguir entre peligro, tolerancia y reparación.

Si quieres aprender más sobre cómo se interconectan todos los sistemas en las distintas esferas del cuerpo (físico, química, emocional y energética) para así poder resolver el síntoma desde el origen….

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