La candidiasis es responsable de sintomatología digestiva común como hinchazón, gases, estreñimiento, diarrea o dolor abdominal. Pero no solo eso. El hongo cándida activa la inflamación en tu cuerpo, incluido el cerebro, siendo responsable de síntomas neurológicos como fatiga crónica, ansiedad, apetencia intensa por el dulce o niebla mental.
Hoy hablaremos sobre la cándida y qué es lo que produce en tu cuerpo.
Tabla de contenidos
¿QUÉ ES LA CÁNDIDA?
La cándida es un género de hongos que forma parte de la microbiota intestinal. La especie más común es Cándida albicans, aunque existen otras (glabrata, krusei, tropicalis…). No es un patógeno por sí mismo, de hecho, la cándida tiene funciones beneficiosas en nosotros:
- Mantiene el equilibrio del ecosistema intestinal: compite con bacterias y otros hongos ayudando a regular la diversidad.
- Estimula el sistema inmunitario: una pequeña cantidad de cándida entrena al sistema inmune para mejorar la defensa de la mucosa.
- Participa en la digestión de ciertos carbohidratos complejos: ayudan a fermentar azúcares cuando las bacterias no pueden hacerlo.
¿Entonces cuándo se vuelve problemática la cándida?
CÁNDIDA: SUS 2 ESTADÍOS
En condiciones de salud y equilibrio del ecosistema intestinal, la forma o estadío en el que se encuentra la cándida en nuestra microbiota es en forma de levadura. En esta forma, la cándida está es inofensiva y cumple con sus funciones beneficiosas.
Forma 1: Levadura
- Forma comensal, inofensiva y natural. Es la forma en la que cándida vive normalmente en un intestino sano.
- Tiene forma redonda u ovalada.
- Convive en equilibrio con bacterias beneficiosas.
- Cumple un rol positivo.
- No es invasiva ni provoca síntomas
Sin embargo, cuando se rompe el equilibrio intestinal, los factores que se encontraban regulando la cándida se alteran, y ésta encuentra la vía libre para crecer en exceso. Cuando esto ocurre, la cándida se transforma a su forma filamentosa o en “hifas” y se vuelve patógena.
Forma 2: Filamentosa o en Hifas
- Forma invasiva, agresiva y patógena.
- Adquiere forma filamentosa, con forma de “raíces”.
- Puede penetrar la mucosa intestinal y dañarla.
- Produce moléculas altamente tóxicas (neurotoxinas).
- Compite y desplaza bacterias beneficiosas.
- Aumenta la permeabilidad intestinal
- Activa la inflamación crónica.
- Afecta al sistema nervioso.
Aunque parezca muy dañina, la cándida no es el enemigo; sino el reflejo del ecosistema en el que se encuentra.
EL EQUILIBRIO INTESTINAL
En un contexto intestinal sano y equilibrado la cándida se encuentra regulada gracias a que:
- Hay una microbiota bacteriana diversa en la que abundan especies “buenas” como Lactobacillus y Bifidobacterium. Éstas regulan el crecimiento de la cándida, al igual que imposibilitan el crecimiento de otros patógenos.
- El sistema inmune produce IgA (inmunoglobulinas) que regulan la inflamación y mantienen controlada a la cándida en su forma de levadura.
- El sistema nervioso en modo calma (rama parasimpática activada) promueve la digestión, el equilibrio y la regeneración.
Sin embargo, existen condiciones que pueden romper este equilibrio y permitir que la cándida (así como otros patógenos) vea su oportunidad de crecer, descontrolarse y provocar síntomas.
FACTORES DESEQUILIBRANTES
- Antibióticos. Eliminan gran cantidad de bacterias beneficiosas que se encontraban regulando y controlando el crecimiento de la cándida
- Exceso de azúcar y carbohidratos refinados. La cándida se alimenta de glucosa, fructosa, harinas blancas, dulces, alcohol… Estos alimentos aceleran su crecimiento, aumentan la fermentación y activan genes que inducen el cambio a la forma en Hifas.
- Estrés crónico y un sistema nervioso desregulado. El estrés baja la defensa de la mucosa, reduce la motilidad (movimiento del intestino), aumenta la permeabilidad intestinal, altera el pH, disminuye bacterias “buenas”, activa la inflamación y aumenta la circulación de glucosa. Todo esto altera el ecosistema y da oportunidad a la cándida para que crezca.
- Sistema inmune debilitado. Ante infecciones previas, falta de sueño, enfermedades autoinmunes… el sistema inmunológico no es capaz de producir suficiente IgA (inmunoglobulinas) para frenar el crecimiento de la cándida
- PH intestinal alto. Cuando hacemos dietas muy bajas en fibra, hay disbiosis (alteración bacteriana) o usamos fármacos inhibidores de la producción de ácido como omeprazol, el PH intestinal se altera y favorece el crecimiento de cándida
- Otros fármacos. Fármacos como corticoides, anticonceptivos, antiinflamatorios (AINEs ) además de los ya mencionados antibióticos y omeprazol (IBPs) pueden dañar la mucosa, alterar la microbiota y bajar la defensa inmune.
- Metales pesados. Metales como mercurio, plomo, arsénico, aluminio… favorecen el crecimiento de cándida porque ésta actúa como una “esponja” protectora. El cuerpo puede llegar a permitir el crecimiento de la cándida para que pueda atraparlos y protegernos.
- Microbiota “pobre” y desregulada. La escasez de cepas bacterianas como Lactobacillus, Bifidobacterium o Akkermansia; cambia las condiciones del medio intestinal (pH, motilidad, bioquímica) y la cándida se encuentra menos regulado, y por tanto con la vía libre para crecer.
ACCIÓN PATÓGENA DE LA CÁNDIDA
Cuando algún factor (o conjunto de factores) rompe el equilibrio, la cándida adquiere su forma en hifa (con “raíces), la cuál produce efectos dañinos en varios niveles:
Invade y perfora la mucosa intestinal
Estas “raíces” de la forma hifal son capaces de atravesar la mucosa y perforar la barrera intestinal. Se forman más “agujeros” y aumenta la permeabilidad intestinal, lo que significa que empiezan a entrar a la sangre toxinas, restos de alimentos o fragmentos bacterianos que no deberían. Esto hace saltar la alarma y el sistema inmune se activa produciendo inflamación crónica en todo el organismo.
Libera neurotoxinas
La cándida patógena produce gran cantidad de toxinas (como gliotoxina, acetaldehído y alcoholes). Estas toxinas producen gases, fermentación, irritación de la mucosa y el sistema nervioso, fatigan al sistema inmune y aumentan la permeabilidad. Cuando las toxinas entran al torrente sanguíneo y circulan por el cuerpo, disparan la inflamación.
EFECTOS NEUROLÓGICOS
Cuando las moléculas inflamatorias atraviesan la barrera hematoencefálica, entran al cerebro y activan allí la neuroinflamación. El cerebro entra en alerta, la glía (células que nutren y protegen a las neuronas) se vuelven inflamatorias, los neurotransmisores se desregulan y la bioquímica del cerebro cambia por completo.
Como resultado, se afectan diversas zonas cerebrales y aparecen síntomas de ansiedad, irritabilidad, fatiga, niebla mental, búsqueda de dopamina (dulce), desconexión…
¿CÓMO RESOLVERLO?
Por si fuera poco, la cándida nos roba nutrientes, altera las hormonas (intensificando el síndrome premenstrual) y desequilibra la microbiota. La cándida tiene efectos en muchos niveles, por ello, para abordar el problema no nos podemos quedar solo en cambiar ciertos alimentos o poner toda la confianza en un suplemento. El trabajo es más complejo.
Deberemos (entre otras cosas) detoxificar el organismo, regenerar la mucosa, recuperar la permeabilidad intestinal, reequilibrar la microbiota y regular el sistema nervioso. Así recuperamos el ecosistema intestinal equilibrado que mantiene regulada la cándida. Aquí es donde fallan muchas personas, puesto que si no trabajamos para que el ecosistema se recupere, aunque eliminemos la cándida, esta volverá a crecer. Recordemos que la cándida no es el enemigo sino el reflejo del estado de nuestro ecosistema intestinal y organismo.
EXTRA: SUPLEMENTOS
Te comparto estos suplementos de gran ayuda para erradicar la candidiasis.
Sin embargo, recuerda que deben complementarse con un tratamiento integral que restablezca el ecosistema para lograr un resultado eficaz y duradero.
- Aceite de orégano: Es rico en carvacol y timol, sustancias que inhiben la forma hifal, rompe el biofilm (capa que cubre a la cándida y la protege frente a tratamientos para eliminarla), disminuye la producción de toxinas y tiene una potente acción antiinflamatoria que calma la mucosa.
- Extracto de semilla de pomelo: Es un antimicrobiano y antifúngico más suave que permite utilizarlo de forma más sostenida. Perfora la membrana externa de la cándida, reduce síntomas de fermentación (gases, distensión y mal olor) y no afecta tanto a la microbiota en comparación con antifúngicos más fuertes (afecta a menos bacterias beneficiosas)
- Pau dÁrco (Lapacho): Funciona como antifúngico, antiinflamatorio e inmunomodulador.Inhibe el crecimiento de la cándida y su transformación a hifas. Además reduce la irritación, disminuye la permeabilidad intestinal y refuerza el sistema inmune. Es especialmente útil en candidiasis asociadas a inflamación crónica.
- Lactoferrina: Es una proteína natural presente en la leche materna. Como suplemento para la candidiasis se utiliza para romper el biofilm (capa que cubre a la cándida y la protege de su eliminación) y privar a la cándida de hierro. La cándida entre otras cosas necesita hierro para crecer y formar hifas. La lactoferrina secuestra el hierro para que lo absorbamos, y al mismo tiempo evita que lo utilice la cándida para crecer. Además la lactoferrina potencia y equilibra el sistema inmune. Es interesante utilizarla ante casos de candidiasis persistente o resistente.
Hasta aquí el artículo de hoy. Recuerda que si tienes síntomas digestivos y neurológicos la cándida puede ser parte del problema. Esto no se debe especialmente a la presencia de cándida, sino que es reflejo de un ecosistema dañado. Por eso recuerda que además de controlar el crecimiento de la cándida, es imprescindible hacer un trabajo integral del organismo para devolverlo al equilibrio y así conseguir resultados contundentes y duraderos.
He creado un VIDEO donde te explico el MÉTODO que usamos en SALUD DIGESTIVA HOLÍSTICA para ayudarte: HAZ CLICK AQUÍ PARA VERLO.
Nos vemos en el próximo artículo
Álvaro.
