Desintoxica tu cuerpo para sanar tu intestino y ganar energía y claridad mental

Si estás aquí leyendo esto supongo que llevas una larga trayectoria con molestias intestinales, puede que algunos de estos síntomas te suenen y se repitan en tu día a día: hinchazón, dolor abdominal, inflamación, gases, diarrea o estreñimiento.

Como bien sabrás, el cuerpo funciona como un sistema interconectado en el que todos tus órganos se comunican y afectan entre sí. Es así como problemas en el intestino puedan haberse convertido en sintomatología de neuroinflamación (fatiga, niebla mental, cansancio crónico…) o como tu capacidad detoxificadora colapsada no permita la reparación, y vivas en un estado de inflamación crónica de bajo grado que afecta a varios sistemas y ocasiona síntomas muy dispersos (dolores musculares y articulares, síntomas intestinales, problemas de piel, infecciones recurrentes y falta de energía constante que no se recupera con el descanso).

Hasta este punto habrás comprendido que todo es más complejo de lo que parecía en un primer momento, y es así como para sanar tu intestino puedes haber probado hacer cambios con la alimentación, tomar suplementos para dar un extra de nutrientes, incluso hayas introducido suplementos específicos para reparar el intestino como los Gut Healers (si no sabes de lo que hablo te recomiendo leer este artículo). Puede que además ya hayas comprendido la importancia del sistema nervioso en todo esto y ya hayas empezado a darle espacio y regularlo; pero aún así parece que la cosa no se resuelve del todo. Tranquilo y tranquila porque la clave es comprender qué está ocurriendo exactamente en tu cuerpo y qué sistemas están fallando y necesitan atención. 

Hoy te quiero hablar de uno de estos sistemas: un pilar importante a la hora de sanar tu intestino y otras afecciones derivadas de un intestino dañado. Una pata que a lo mejor no has atendido si has probado todo lo anterior sin conseguir mucho cambio: la detoxificación de tu cuerpo. 

En este artículo quiero explicarte cómo es que los tóxicos acumulados en tu organismo y la incapacidad de tu sistema detoxificador de hacerle frente a todos ellos, está obstaculizando constantemente la reparación de tu cuerpo. Tras este artículo comprenderás:

1. Cómo las toxinas están bloqueando la reparación de tu intestino y perpetuando los síntomas.

2. Cómo un sistema detoxificador colapsado es incapaz de resolver el daño e incapaz de participar en la sanación de tu cuerpo. 

3. Y lo más importante de todo, comprenderás qué debes hacer ante todo esto. Para ello, al final te dejaré ejemplos de binders que puedes utilizar. Si quieres saber que son los binders y por qué deberías implementarlos en tu estrategia para sanar el intestino… continúa leyendo.

Tabla de contenidos

La era de la intoxicación 

El agua del grifo, el medicamento de por la mañana, los cosméticos (desodoreante, geles, champús, cremas, maquillajes, esmalte de uñas…), el detergente de la ropa, los pesticidas usados en la agricultura, la productos alimentarios llenos de conservantes y empaquetados en plásticos que luego son cocinados en sartenes con antiadherentes, el humo de los coches, los químicos de productos de limpieza… están por todas partes. Y es que si, hoy en día vivimos en un mundo químicamente muy distinto a nuestros antepasados. 

 Estos compuestos que parecen inofensivos son los llamados xenobióticos “xeno = extraños “ + “bióticos = para la vida”, y como su nombre indica, son sustancias que no forman parte natural de nuestra biología y, por tanto, el organismo debe destinar energía en reconocerlos, transformarlos y eliminarlos. 

No todos son igual de dañinos, pero son tóxicos porque interfieren con nuestra biología en diferentes niveles: 

Actúan como disruptores endocrinos

 Como los plásticos (BPA, ftalatos) que imitan estrógenos (por eso se consideran xenoestrógenos) que provocan dominancia estrogénica, síndrome premenstrual intenso, ciclos irregulares, infertilidad; los pesticidas y herbicidas alteran la síntesis de hormonas tiroideas y sexuales; y metales pesados (mercurio, plomo, cadmio) que dañan enzimas necesarias para producir hormonas.

Suponen estresores biológicos: 

La entrada de tóxicos a la sangre hace trabajar de manera intensa al hígado y sistema inmune con el objetivo de metabolizar y eliminar dichos tóxicos. Esto da una señal al sistema nervioso para entrar en modo alerta y activar la producción de cortisol. Cuando este proceso se cronifica se produce una fatiga suprarrenal (fatiga de la glándula productora de cortisol) y surge el insomnio, ansiedad o falta de resiliencia al estrés. Los metales y pesticidas además alteran neurotransmisores (dopamina, serotonina, GABA), lo que empeora la regulación emocional.

Tóxicos y piel: 

La piel es un órgano de eliminación y supone un reflejo del estado interno del organismo. Por ejemplo, los metales pesados generan radicales libres que provocan el envejecimiento prematuro de la piel; los disruptores endocrinos alteran hormonas sexuales y generan acné hormonal, caída de pelo y exceso de sebo; las toxinas de un hígado sobrecargado producen acné, eccema, rosácea y psoriasis; y el estrés oxidativo producido por tóxicos produce inflamación cutánea, manchas y envejecimiento de la piel.

Es así como los xenobióticos pueden afectar a diversos sistemas y participar en el origen y desarrollo de alteraciones hormonales, endocrinas, y del sistema nervioso y la piel. Y si eso ocurre en el resto de los sistemas… te podrás imaginar que el intestino no sale ileso, siendo una de las primeras barreras de contacto con los xenobióticos.

Xenobióticos: enemigos para tu intestino

El intestino es uno de los principales perjudicados por los tóxicos que recibe el organismo ya que es de las primeras líneas de contacto. Cuando ingieres estás moléculas tóxicas, esto es lo que se produce: 

Alteración de la microbiota intestinal: 

 Muchos xenobióticos (pesticidas, antibióticos, metales, aditivos) cambian la composición bacteriana provocando entre muchas cosas: 

1.La pérdida de bacterias beneficiosas (ej. Lactobacillus, Bifidobacterium)

2. El sobrecrecimiento de bacterias oportunistas o patógenas

3. La disminución de la producción de ácidos grasos de cadena corta (como el butirato), que son sustancias antiinflamatorias y protectoras del equilibrio de la microbiota. 

 Todo ello genera un contexto de disbiosis, en el que hay un desequilibrio entre bacterias y microorganismos “beneficiosos” y “malos”. Esta alteración del ecosistema intestinal impacta en el sistema inmune, en la barrera intestinal y el sistema nervioso, y en su conjunto generan una digestión disfuncional que se refleja en síntomas digestivos: gases, dolor, hinchazón, alteración de la motilidad (diarrea o estreñimiento)…

Aumenta la permeabilidad intestinal (“Leaky gut”): 

 Algunos químicos (bisfenol A, microplásticos, pesticidas, alcohol, fármacos) dañan la barrera del intestino al romper las uniones estrechas ( las tight junctions) entre células intestinales. Estas roturas en la barreta permiten el paso de tóxicos, moléculas parcialmente sin digerir y toxinas bacterianas que entran al torrente sanguíneo y activan la señal de inflamación. Un aumento de permeabilidad a su vez permitirá la entrada de más tóxicos y mayor inflamación, lo que se convierte en un círculo vicioso. Si quieres entender en profundidad qué es la permeabilidad intestinal, cómo se relaciona con la disbiosis y cómo tratarla te dejo el link a la newsletter anterior sobre permeabilidad intestinal (o vídeo de youtube).

Alteración de la inmunidad intestinal:

 El sistema digestivo es la primera línea de contacto con todo aquello que ingerimos del exterior, y es por lo que en el intestino se encuentra el 80% del sistema inmune preparado ante la ingesta de posibles moléculas extrañas que pudieran dañar al cuerpo. Cuando entran estas moléculas como los xenobióticos (que recordamos que son sustancias ajenas a nuestra naturaleza) el sistema inmune se activa y produce inflamación para atacar y eliminar al enemigo: los tóxicos extraños. Sin embargo, cuando nos exponemos constantemente a grandes cantidades de estos xenobióticos, nuestro sistema inmune se satura y empieza a fallar. Es por eso que pueden surgir intolerancias y sensibilidades alimentarias, así como enfermedades autoinmunes, todo ello derivado de un intestino inflamado, con permeabilidad aumentada y con una inmunidad alterada. 

Un sistema detoxificador colapsado

 Y te preguntarás: ¿no tiene el cuerpo un sistema diseñado para hacer frente a todos estos tóxicos? La respuesta es que sí, tenemos un mecanismo perfectamente diseñado para identificar partículas extrañas y metabolizarlas (transformarlas) para su eliminación. El órgano principal para ello es el hígado, que dispone de dos fases detoxificadoras en la que las sustancias reaccionan químicamente para transformarse y así poder eliminarse. Cualquier fallo en estas dos fases limita el proceso de detoxificación. Así es como ocurre: 

 Fase I: Hidroxilación. Se producen reacciones de oxidación, reducción e hidrólisis con el objetivo de volver las moléculas más reactivas y solubles. Cuando el proceso se queda estancado en la fase I podemos tener moléculas con una actividad biológica mayor 

 Fase II: Conjugación. Aquí se produce un embudo de reacciones de metilación, sulfatación, glucuronidación, acetilación, glutatión y conjugación de aminoácidos, en las que se “pegan” moléculas que facilitan su eliminación. La excreción de estos compuestos se producirá por los riñones que filtran la sangre y los elimina por la orina, o bien estos compuestos se excretan por la bilis en las heces. 

 Sin embargo, cuando tenemos un hígado colapsado, esta detoxificación es insuficiente y los tóxicos no logran eliminarse y se acumulan produciendo numerosos daños como inflamación, oxidación y envejecimiento del tejido, así como agotamiento de recursos detoxificadores, antiinflamatorios y antioxidantes. 

 Ante un hígado sobrecargado nos encontramos varios problemas:

  • Falta de recursos: Las fases requieren nutrientes, coenzimas… moléculas específicas para poder darse. Un hígado que no para de trabajar y consume los recursos, y una ingesta o producción insuficiente de estas moléculas deja al hígado sin materiales para poder detoxificar. Algunos de estos nutrientes necesarios son: vitaminas del grupo B (B2, B3, B6, B12, ácido fólico), antioxidantes (vitamina C, E, betacarotenos), minerales (hierro, zinc, magnesio, cobre, selenio), aminoácidos (glicina, taurina, cisteína, metionina, glutamina), glutatión…
  • Exceso de exposición a tóxicos: Cuando vivíamos en un entorno sin contaminación por químicos diseñados por el ser humano, la exposición de toxinas que recibíamos era principalmente a toxinas naturales (hongos, metales, humo de fuego…). Hoy existen decenas de miles de compuestos sintéticos en el ambiente (plásticos, pesticidas, aditivos, fármacos…) que aumentan considerablemente la carga tóxica a la que debe hacer frente el hígado.
  • Exceso de tóxicos internos: A todos los compuestos externos debemos sumarle todas aquellas sustancias que se producen en el cuerpo y que requieren de la detoxificación del hígado como radicales libres, hormonas (estrógenos, progesterona, testosterona, andrógenos, cortisol, insulina, hormonas tiroideas…), bilirrubina… Esto es especialmente importante cuando tenemos desregulaciones hormonales, inflamación crónica o desregulación del sistema nervioso ya que las moléculas que se producen en exceso añaden mayor carga al hígado. Por ejemplo, exceso de estrógenos, producción constante de cortisol y radicales libres

Estamos intoxicados

Como resumen de todo lo que hemos visto hasta ahora, un exceso de tóxicos externos por el ambiente y el estilo de vida que hemos creado (xenobióticos), sumado a todos los tóxicos endógenos que ya producimos (aún en mayor cantidad cuando sufrimos alguna alteración o estado de alarma en el cuerpo) crean una gran carga de toxinas que nuestro hígado debe detoxificar. Toda esta carga puede saturar y colapsar al hígado que además verá reducida su capacidad si no cuenta con suficientes recursos y materia prima para llevar a cabo las fases de detoxificación. 

Como resultado nos encontramos con que muchas personas se encuentran llenas de toxinas que su hígado y sistema de detoxificación no pueden gestionar. Estas toxinas se acumulan y siguen alarmando e inflamando al organismo. Como síntomas de un sistema de detoxificación colapsado e intoxicación encontramos:

  • Síntomas digestivos (gases, hinchazón, dolor abdominal, diarrea, estreñimiento)
  • Síntomas sistémicos (fatiga crónica, dolores musculares y articulares, migrañas, sensibilidad a olores y químicos)
  • Síntomas cutáneos (acné, erupciones, eccemas, psoriasis) 
  • Alteraciones hormonales y metabólicas ( síndrome premenstrual, retención de líquidos, aumento de peso)
  • Síntomas neurológicos y emocionales (niebla mental, irritabilidad, ansiedad, depresión, problemas de memoria, falta de concentración…)
  • Alteraciones inmunológicas (infecciones recurrentes, alergias o intolerancias alimentarias, inflamación crónica de bajo grado…)

Un respiro: el uso de “Binders”

 Ante esta situación es imprescindible ayudar al cuerpo a retirar estos tóxicos del organismo (además de reducir la exposición) para liberar la carga a la que debe hacer frente el hígado y todo el sistema de detoxificación. Aquí es donde entra el uso de “Binders” como solución y ayuda al proceso de detoxificación.

Los “Binders” sustancias que se unen físicamente como  “esponjas” o “imanes” (bien por su porosidad, estructura o carga eléctrica) a todas estas toxinas, endotoxinas bacterianas (LPS), metales pesados, micotoxinas o residuos digestivos que mantienen la inflamación. Los binders al atrapar las toxinas, evitan que entren en contacto con la mucosa o pasen a la sangre y facilitan su eliminación en las heces. 

 Permiten:

  •  Impedir que las toxinas abran las uniones estrechas y provoquen permeabilidad de la barrera.
  • Reducir la cantidad de toxinas en el intestino alterando la microbiota e intestino.
  • Limitar la entrada de toxinas al torrente sanguíneo y su consecuente activación de la inflamación y sistema nervioso.
  • Disminuir la carga de toxinas que deben ser metabolizadas y eliminadas por el sistema de detoxificación

 5 ejemplos de “Binders” para ayudar a detoxificar tu intestino y organismo: 

Pectina cítrica modificada

Es una fibra soluble derivada de cítricos con alta afinidad por toxinas. Secuestra metales pesados (plomo, arsénico, cadmio) y además actúa como prebiótico favoreciendo bacterias beneficiosas.

Carbón activado: 

Tiene una superficie muy porosa que adsorbe toxinas, gases, restos bacterianos y algunos medicamentos.

Chlorella

 Es un microalga rica en polisacáridos que se une a metales pesados (mercurio, plomo) y contaminantes orgánicos (dioxinas, pesticidas). También aporta clorofila y antioxidantes, que apoyan la detoxificación hepática.

Zeolita:

 Es un mineral volcánico que se une a metales pesados, amonio y otros compuestos tóxicos, reduciendo su disponibilidad.

Bentonita

Es una arcilla con carga negativa que actúa como una “esponja” atrayendo y atrapando metales pesados (plomo, mercurio, cadmio) y micotoxinas (toxinas de hongos). Forma así complejos insolubles que luego se eliminan en las heces.

Espero que este artículo te haya ayudado a entender la importancia de detoxificar tu cuerpo para sanar tu intestino, si necesitas ayuda con tu proceso puedes ver ESTE VIDEO donde te contamos el método que usamos en Salud Holística.

Te espero en el próximo post!

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