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Cuando el problema no es «lo que comes»
La digestión no depende solo de lo que comes
Muchas personas creen que mejorar la digestión depende únicamente de la alimentación. Qué alimentos eliges, cuántas veces al día comes o qué suplementos tomas. Y sí, la comida importa, pero no lo es todo, y es que hay un factor más importante al que no se le está prestando mucha atención.
La realidad es que la digestión también depende de dónde comes, con quién comes y, sobre todo, de cómo se encuentra tu sistema nervioso a la hora de comer
Te voy a poner un ejemplo que seguramente hayas experimentado: comes un mismo plato de pasta: en casa no te genera ningún problema, pero si lo comes en el trabajo o cuando viajas te provoca pesadez, inflamación o incluso dolor. Esto no es casualidad.
Tu sistema digestivo no funciona de manera aislada. Está profundamente conectado a tu sistema nervioso. Y cuando estás tenso, activado o en un entorno que percibes como estresante, tu cuerpo activa la señal de alarma, y prioriza la supervivencia, no la digestión.
El círculo de la frustración
Aquí es donde surge el problema. Puedes estar haciendo todo “bien”: cuidando tu dieta, evitando alimentos inflamatorios, tomando suplementos que apoyan el proceso… y aun así sentir que los síntomas no desaparecen.
Esto es porque, aunque elimines los alimentos “problemáticos”, tu intestino seguirá inflamándose si tu sistema nervioso no está preparado para digerir. Si tu sistema nervioso no manda la señal, tu sistema digestivo no podrá digerir correctamente.
Y lo más frustrante es que puedes empezar a pensar que el problema está en la comida. Y pruebas a restringir ciertos alimentos, te alejas de momentos sociales e incluso empiezas a tener una mala relación con la comida. Mientras tanto, los síntomas siguen ahí: gases, hinchazón, ardor, dolor abdominal.
Cuando no se aborda este factor, uno queda atrapado en una rueda de intentos fallidos: cambios de dieta, probar diferentes suplementos, restricciones sociales… empiezas a invertir mucho tiempo y energía, pero en la dirección equivocada.
La buena noticia es que podemos trabajar ese sistema nervioso para que ahora sí sea funcional a la hora de comer y ejerza correctamente su función. Al regular el sistema nervioso la digestión se desbloquea, recuperas la confianza para comer, y el cuerpo empieza a tolerar mejor incluso aquellos alimentos que antes te producían algún tipo de síntoma.
El sistema nervioso y la digestión
Para entenderlo mejor, hay que mirar el papel de tu sistema nervioso autónomo en todo este proceso.
La digestión no es independiente. Es un proceso condicionado por el estado en el que se encuentra tu sistema nervioso.
El modo simpático (supervivencia)
Este estado se activa cuando estás en alerta: el tráfico, una discusión, la presión del trabajo, viajar con prisas.
El cuerpo se prepara para defenderse (luchar) o huir: la sangre se dirige a los músculos, el corazón late más rápido, las hormonas del estrés aumentan…
En este contexto, la digestión deja de ser una prioridad. Imagina que eres una gacela que está siendo perseguida. En una situación de vida o muerte no sería eficiente destinar recursos (energía) a otra cosa que no sea correr y escapar. Y eso es precisamente lo que ocurre, el sistema digestivo se inactiva. Además una de las cosas que produce es un intestino permeable. Si quieres saber más sobre esto te dejo un video aquí donde te explico que és.
Cuando comemos desde un estado simpático: la comida permanece más tiempo en el estómago (ya que disminuyen las contracciones de la musculatura del tubo digestivo que hacen que el alimento se mezcle y avance), se reduce la producción de las enzimas digestivas que necesitamos para digerir los alimentos, disminuye la producción de ácido clorhídrico necesario para la digestión de proteínas y eliminación de bacterias… y como resultado vemos síntomas como hinchazón, gases o acidez.
Por otro lado, tenemos el segundo modo
El modo parasimpático (descanso y digestión)
Este es el estado que necesitamos para que la digestión ocurra de forma adecuada. Es el estado de calma, seguridad y relajación.
Cuando el cuerpo percibe que no hay peligro, activa sus recursos para reparar, absorber y digerir nutrientes y mover los alimentos a través del intestino.
Aquí es donde los alimentos pueden ser digeridos, absorbidos y asimilados por el organismo.
Por eso cuando tenemos diferentes experiencias con la comida, no siempre es la comida la que cambia. Es tu estado interno el que cambia cómo procesas esa comida.
La misma ensalada puede sentirse ligera y nutritiva en casa, y pesada en el entorno laboral. Si tu sistema nervioso no se encuentra en modo parasimpático, la digestión no se podrá hacer correctamente, y por desgracia, gran parte de tu esfuerzo en comer de manera no inflamatoria, tomar suplementos y cuidar otros aspectos como los horarios de comidas… se pierde, ya que está fallando una de las bases más importantes: que el sistema nervioso se encuentre preparado para digerir y permita así que ocurran todos los procesos de digestión.
La solución: regular tu esfera neuroemocional
Como ya hemos visto para permitir una buena digestión necesitamos que nuestro sistema nervioso se encuentre en estado parasimpático, estado que se activa cuando tu cuerpo percibe señales que interpreta como seguridad. Es este estado el cuerpo no percibe amenaza por lo que no necesita activar el modo alerta y entonces se puede destinar la energía a los procesos de reparación, descanso y digestión.
Durante el día recibimos estímulos (los llamaremos triggers) que el cuerpo puede identificar como señales de amenaza que detonan así una respuesta de activación (modo alerta). Cuando tu sistema nervioso está desregulado ocurren 2 cosas:
- El sistema percibe mayor cantidad de estímulos como peligrosos en lugar de como señales de seguridad
- Sobrestima la peligrosidad de esos estímulos. Es decir, algo que pueda parecer insignificante para otra persona, a ti genera mucha activación nerviosa y emocional. Son los típicos casos en los que te dicen: ¨no es para tanto” “eres muy sensible” “no te pongas así”. La realidad es que para tu sistema nervioso si es para tanto, y nunca es por el estímulo en sí, sino porque tu sistema nervioso está percibiendo como “muy peligroso” algo que en realidad no lo es. Tu sistema nervioso está en modo reactivo. Y para que lo entiendas mejor quiero ejemplificártelo con el concepto del vaso lleno de agua.
Tu sistema nervioso es como un vaso que se va llenando de agua. Cada gota que entra es un estímulo que debe ser procesado. Al nacer tu vaso se encuentra vacío, y a medida que avanza tu vida el vaso se va llenando. Lo que procesas libera espacio para que puedan entrar más estímulos (gotas) pero lo que no procesas (traumas, heridas, emociones reprimidas, eventos impactantes) en lugar de salir se queda ahí ocupando espacio como si fuera agua estancada. Esto hace que cada vez tu vaso se vaya llenando más y cada vez vaya quedando menos espacio para guardar las gotas del día a día. Esto es justamente lo que ocurre en un sistema nervioso desregulado en el que nuestra capacidad de procesamiento está disminuida (tenemos muy poco espacio para recibir más gotas de agua (estímulos)), de hecho, está en su límite; y por eso un pequeño estímulo supone que el vaso rebose: el cuerpo no tiene más capacidad de responder y procesar. Rebosar significa que el sistema nervioso no responde de manera proporcionada o coherente a lo que está sucediendo. Una manera de identificar si estás en un estado nervioso de desregulación es preguntarte en qué situaciones o ante qué personas o estímulos estás reaccionando (diferente de responder) de manera desproporcionada al estímulo. ¿Cuando un estímulo te ha producido demasiada tristeza, ira o miedo… en comparación a la magnitud del estímulo?
Una desregulación se puede ver como: alta reactividad a una persona, situación o palabras, inestabilidad emocional, rápidamente te enfadas o alteras…
Tu SNA no está siendo capaz de procesar correctamente lo que ocurre y entonces entra en modo alerta.
Trabajar la esfera neuroemocional y regular el sistema nervioso implica trabajar sobre este vaso (tu SN) para evitar llegar a ese punto en el que vaso rebosa, y en su lugar tenga espacio suficiente para que si de repente entran una pocas gotas, no se desborde.
¿Cómo lo haremos?
Para crear espacio en el vaso deberemos sacar agua. Sobre todo aquella que ha quedado estancada por tanto tiempo y que está ocupando espacio en tu vaso.
Una vez liberas ese agua (traumas, heridas emocionales, emociones reprimidas…) creas espacio y puedes empezar a sostener y responder de manera distinta a esos otros estimulos que antes te desbordaban.
Regular el sistema nervioso significa que ahora tu sistema percibe seguridad donde antes percibía peligro. Esto significa que eso que antes te activaba ahora te activa menos incluso eso que te producía estrés ahora no lo hace.
Este cambio profundo en el modo de operar del sistema nervioso es clave para SANAR TU INTESTINO. El cuerpo cada vez entrará menos en el modo alerta y en su lugar el parasimpático (percepción de seguridad) permitirá los procesos necesarios para la digestión como la producción de ácido clorhídrico, contracción y movimiento del tubo digestivo, producción de enzimas digestivas…
La comida que antes te producía inflamación, gases y dolor ahora no lo hace. ¿Por qué? No porque el alimento produzca respuestas diferentes sino porque ha cambiado la forma en la que tu cuerpo procesa y gestiona ese alimento. Al cambiar tu sistema nervioso, cambias tu digestión y solo así sanas tu intestino.
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