La fascia y el Sistema de Pischinger para el funcionamiento celular

Esto es lo que hay detrás de un paciente con dolor persistente, rigidez, fatiga, inflamación, sensación de pesadez o síntomas que no tienen un lugar específico.

Y es que una célula puede estar estructuralmente intacta y, aun así, no funcionar correctamente si el entorno en el que vive está congestionado, inflamado, deshidratado o sometido a una tensión constante.

Por eso muchas veces lo que falla no es un órgano o cierta parte del cuerpo, sino el entorno del que está rodeado y la influencia de otras estructuras.

Porque como ya sabrás, el cuerpo no funciona como una suma de piezas independientes.

Entre todas esas estructuras existe un territorio continuo que las conecta, las nutre y permite que intercambien información: la fascia y su matriz extracelular.

Comprender este medio cambia profundamente la mirada terapéutica y el entendimiento del origen del síntoma.

La matriz de tejido conjuntivo no es un relleno pasivo, que sostiene y ya. Es el ambiente donde sucede toda la fisiología, un espacio dinámico que conecta la mecánica corporal con el metabolismo, la inmunidad y la regulación nerviosa.

Tabla de contenidos

La fascia crea el medio en el que la función es posible

Esto es lo que hay detrás de un paciente con dolor persistente, rigidez, fatiga, inflamación, sensación de pesadez o síntomas que no tienen un lugar específico.

Y es que una célula puede estar estructuralmente intacta y, aun así, no funcionar correctamente si el entorno en el que vive está congestionado, inflamado, deshidratado o sometido a una tensión constante.

Por eso muchas veces lo que falla no es un órgano o cierta parte del cuerpo, sino el entorno del que está rodeado y la influencia de otras estructuras.

Porque como ya sabrás, el cuerpo no funciona como una suma de piezas independientes.

Entre todas esas estructuras existe un territorio continuo que las conecta, las nutre y permite que intercambien información: la fascia y su matriz extracelular.

Comprender este medio cambia profundamente la mirada terapéutica y el entendimiento del origen del síntoma.

La matriz de tejido conjuntivo no es un relleno pasivo, que sostiene y ya. Es el ambiente donde sucede toda la fisiología, un espacio dinámico que conecta la mecánica corporal con el metabolismo, la inmunidad y la regulación nerviosa.

El sistema básico de Pischinger: la verdadera unidad funcional

El sistema básico de Pischinger consiste en el sistema formado por la célula, el capilar y la matriz extracelular. Y el estado de este conjunto es el que verdaderamente regula el estado del organismo.

Entre los capilares y cada célula existe una matriz extracelular compuesta por sustancia fundamental, agua, fibras, proteoglucanos, glucoproteínas, células del tejido conjuntivo, terminaciones nerviosas y componentes inmunitarios.

Todo lo que llega a la célula y todo lo que sale de ella debe atravesar ese terreno.

Esto significa que el oxígeno, los nutrientes, las hormonas y las señales inmunológicas no pasan directamente de la sangre a la célula.

Primero atraviesan la pared capilar y después se desplazan por el espacio intersticial.

Del mismo modo, el dióxido de carbono, los metabolitos y otras sustancias producidas por la actividad celular deben regresar atravesando la matriz para ser recogidos por la circulación venosa y linfática.

Por eso, la calidad de esta matriz condiciona la función celular.

Cuando la matriz tiene una hidratación adecuada, una buena viscosidad y un pH regulado, el intercambio puede producirse con mayor facilidad.

Pero cuando el terreno se vuelve más denso, inflamatorio, ácido o congestionado, la comunicación y el transporte se dificultan.

La célula empieza a recibir señales distintas, se adapta al entorno y puede modificar su metabolismo, su expresión génica y su capacidad de reparación.

Por eso la salud celular no depende únicamente de la célula, sino también del medio que la rodea.

La fascia como red tridimensional de comunicación

La fascia forma una matriz tridimensional que rodea y penetra músculos, órganos, nervios y vasos.

Esta red sostiene las estructuras y, al mismo tiempo, crea el espacio por el que circulan líquidos, sustancias químicas y señales nerviosas.

Para poder comprenderla se puede diferenciar en tres dimensiones: la red fibrosa, la red nerviosa y la red líquida.

Esta división es útil para estudiarla, pero no significa que haya 3 fascias independientes. Las tres ocupan el mismo territorio y se regulan mutuamente, porque ninguna de sus partes puede funcionar aislada.

La red fibrosa: la arquitectura que distribuye las fuerzas

La red fibrosa está compuesta principalmente por colágeno, elastina, sustancia fundamental y células como los fibroblastos. Su función es sostener, conectar y distribuir las tensiones que se generan con la postura, la respiración y el movimiento.

Cuando esta red conserva elasticidad y capacidad de adaptación, las fuerzas se reparten por todo el sistema sin concentrarse excesivamente en una zona.

Pero cuando aparece una rigidez, fibrosis, adherencias o pérdida de deslizamiento, la carga comienza a acumularse. El cuerpo compensa modificando el tono muscular, la postura y los patrones de movimiento.

Además, la tensión mecánica no es solamente un fenómeno estructural. Las células están unidas a la matriz mediante integrinas y otros complejos de adhesión. Cuando la matriz se estira o comprime, la célula recibe esa información y modifica su comportamiento. Esta conversión de una fuerza física en una respuesta bioquímica se llama mecanotransducción.

Una matriz rígida puede mantener a las células en un estado de mayor tensión.

Los fibroblastos pueden transformarse en miofibroblastos y aumentar la contracción del tejido, consolidando el patrón. Factores como un pH más ácido, estrés crónico, la respiración alterada o determinados estímulos químicos pueden favorecer esa contracción de la fascia.

La red nerviosa: la fascia siente y regula

La fascia está altamente inervada. Cuenta con terminaciones nerviosas, nociceptores y mecanorreceptores que detectan la presión, tensión, estiramiento y cambios en el estado del tejido.

Por eso, la fascia también informa al sistema nervioso sobre lo que está ocurriendo en el cuerpo.

Cuando una zona pierde movilidad o se inflama, aumenta la estimulación de las terminaciones sensitivas.

El sistema nervioso interpreta esa información y puede responder en modo defensa elevando el tono muscular, reduciendo el movimiento o aumentando la sensibilidad.

Esta respuesta tiene inicialmente una función protectora, pero si se mantiene puede contribuir a cronificar el problema.

Pero también sucede al revés.

Un sistema nervioso que percibe alerta constantemente puede provocar vasoconstricción, respiración superficial, mayor tono muscular y menor capacidad de recuperación.

El estrés emocional llega al cuerpo, no es algo exclusivo mental; y modifica el entorno químico, inmunitario y mecánico del tejido.

Entonces se puede crear un círculo vicioso:

  • la fascia irritada envía señales de amenaza,
  • el sistema nervioso organiza una respuesta de protección,
  • y esa protección mantiene la tensión fascial.

La red líquida: nutrición, drenaje e información química

La tercera dimensión está formada por la sangre, la linfa y el líquido intersticial.

A través de esta red llegan nutrientes, oxígeno, hormonas y células inmunitarias; y también se eliminan productos metabólicos y mediadores inflamatorios.

El líquido intersticial se encuentra en la matriz extracelular. Su movimiento depende de las diferencias de presión, la permeabilidad capilar, la respiración, la contracción muscular, el movimiento corporal y el drenaje linfático.

La fascia favorece el flujo cuando tiene elasticidad, hidratación y capacidad de deslizamiento.

Y cuando el tejido se vuelve rígido, al aumentar la presión local, puede dificultar la microcirculación. Si disminuye el movimiento, también se reduce el bombeo que impulsa los líquidos. Esto puede favorecer edema, congestión y acumulación de mediadores inflamatorios.

El entorno químico se altera, las terminaciones nerviosas se sensibilizan y los fibroblastos reciben señales que pueden aumentar todavía más la rigidez.

Pero el proceso también puede comenzar en la red líquida: Una inflamación sistémica, una mala circulación o una acumulación de metabolitos puede cambiar la viscosidad y composición de la matriz.

El estado de los órganos internos también influyen en la fascia

Si la matriz extracelular es el medio químico de las células, su estado depende en parte de cómo el organismo procesa y elimina sustancias.

Los órganos más importantes para esta función son:

  • El hígado que transforma compuestos endógenos y exógenos;
  • los riñones regulan la eliminación de sustancias hidrosolubles, electrolitos y el equilibrio ácido-base;
  • el intestino participa en la excreción, la inmunidad y el metabolismo microbiano
  • los pulmones eliminan dióxido de carbono y contribuyen al control del pH

Debemos valorar si los órganos encargados de transformar, transportar y excretar sustancias están recibiendo una carga compatible con su capacidad, y si funcionan correctamente.

Cuando hay estreñimiento, disbiosis, alteración hepática, respiración superficial o inflamación crónica de bajo grado, el entorno interno puede cambiar.

Y como consecuencia, cambia el comportamiento de la matriz y de todas las células que viven en ella.

Un abordaje holístico guiado por kinesiología

El tratamiento no debería limitarse a soltar la fascia.

Necesitamos valorar qué esfera o esferas están manteniendo el problema y en qué orden conviene intervenir.

La kinesiología holística se utiliza como herramienta guía para ordenar el tratamiento e identificar qué necesita el cuerpo del paciente resolver primero.

A través del test muscular, podemos ver cambios en la respuesta del sistema del paciente e identificar las áreas de estrés que no está pudiendo adaptar: estructura, regulación nerviosa, metabolismo, digestión, cicatrices, meridianos o carga emocional.

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Álvaro.

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