Las fascia y el sistema nervioso: el origen de la tensión

Por qué algunas tensiones nunca terminan de desaparecer

Muchas personas llegan a consulta después de años conviviendo con tensión cervical, dolor mandibular, rigidez lumbar, presión en el pecho, bloqueos corporales o sensación constante de sobrecarga física sin encontrar una explicación clara. 

Han probado ejercicios, masajes, fisioterapia, estiramientos o tratamientos convencionales y, aunque a veces aparece alivio temporal, el cuerpo vuelve una y otra vez al mismo lugar. 

Como si existiera una tensión más profunda que nunca terminara realmente de soltarse.

Y muchas veces el problema no está únicamente en el músculo o en la estructura.

Muchas tensiones persistentes siguen activas porque el sistema nervioso continúa percibiendo peligro aunque conscientemente la persona quiera relajarse. 

El cuerpo sigue organizado alrededor de la defensa. Y ahí es donde la fascia ocupa un papel fundamental.

Porque para entender por qué ciertos dolores, bloqueos o patrones físicos se cronifican, primero hay que entender cómo funciona realmente la fascia y cómo se relaciona con el sistema nervioso, las emociones y las experiencias personales que el organismo no pudo procesar completamente.

Tabla de contenidos

La fascia: la red viva que conecta todo el cuerpo

La fascia es uno de los tejidos más importantes y más increibles del organismo. 

Durante muchos años se creyó que era simplemente una especie de envoltorio que recubría músculos y órganos, pero hoy sabemos que es muchísimo más que eso. 

La fascia es una red continua de tejido conectivo que atraviesa absolutamente todo el cuerpo y conecta músculos, huesos, nervios, vasos sanguíneos y órganos entre sí. 

No existe una sola parte del cuerpo que esté separada de esta red. El cuerpo no funciona como piezas aisladas, sino como un sistema integrado, y la fascia es precisamente el tejido que crea esa continuidad interna.

La fascia está formada principalmente por colágeno, elastina, agua, células del sistema inmune, fibroblastos y una sustancia gelatinosa conocida como matriz extracelular. 

  • El colágeno aporta resistencia y soporte
  • La elastina permite flexibilidad y adaptación. 
  • La matriz extracelular facilita el intercambio de nutrientes, hidratación e información entre tejidos. 
  • Y el agua permite que esta red pueda deslizarse, moverse y transmitir información de manera eficiente.

Pero lo más interesante es que la fascia no solo se encarga de sostener estructuras: también siente, comunica y responde. 

En la fascia hay una enorme cantidad de terminaciones nerviosas y mecanorreceptores que están en diálogo constante con el sistema nervioso. 

El cuerpo literalmente se percibe a sí mismo a través de esta red. La fascia participa activamente en la percepción corporal, el dolor, la postura, el equilibrio y la regulación interna del organismo.

La fascia y su capacidad de conducir información

Una de las características más sorprendentes es que cuenta con propiedades bioeléctricas. 

El colágeno, una de sus proteínas principales, tiene capacidad piezoeléctrica. 

Esto significa que puede generar y transmitir pequeñas cargas eléctricas cuando recibe presión, tensión, compresión o movimiento. 

Cada vez que el cuerpo se mueve, respira, se contrae o recibe una manipulación manual, la fascia produce microcorrientes eléctricas que sirven como mecanismo de comunicación interna del organismo.

Esto convierte a la fascia en una auténtica red de transmisión de información. Y cada tensión, cada restricción, cada cambio postural y cada estado emocional modifica esa red de comunicación.

Por eso las emociones no afectan solo a la mente. 

Cada emoción tiene la capacidad de modificar la estructura física. Por ejemplo:

  • El miedo cambia la respiración. 
  • La ansiedad activa el tono muscular. 
  • La tristeza altera la movilidad del tórax y del diafragma. 
  • La rabia genera patrones específicos de contracción….

Cuando una persona vive una experiencia emocional intensa, no solo se activan pensamientos rumiantes, sino que además se activa el sistema nervioso, el sistema hormonal, la respiración, la musculatura y también el tejido fascial. 

El organismo entero entra en modo defensa porque interpreta que necesita sobrevivir.

Cuando el cuerpo no consigue salir del estado de protección

La activación puntual es normal y saludable, porque el cuerpo está diseñado para atravesar estrés y después volver al equilibrio. 

Pero el problema aparece cuando esa experiencia emocional no puede procesarse correctamente y el organismo queda atrapado en el patrón de protección durante demasiado tiempo. 

Ahí es donde la fascia empieza a cambiar su comportamiento.

El tejido deja de organizarse alrededor de la flexibilidad y comienza a organizarse alrededor de la contracción:

  • El colágeno se reorganiza formando “cicatrices”, 
  • disminuye la hidratación de la matriz extracelular, 
  • se activan miofibroblastos y aumenta la densificación fascial 
  • el tejido pierde capacidad de deslizamiento. 

La fascia deja de comportarse como una red adaptable y empieza a comportarse como un tejido rígido preparado para sostener defensa constante.

Al mismo tiempo, el sistema nervioso continúa recibiendo señales de amenaza desde esas zonas corporales.

 Es decir, el cuerpo no solo “recuerda” cognitivamente la experiencia: también la mantiene fisiológicamente. 

Por eso muchas personas sienten que nunca logran relajarse del todo. Es como si el cuerpo permaneciese preparado para algo. 

Por eso aparece tensión constante en la mandíbula, en el cuello, en el pecho, en el abdomen o en la pelvis. En cuanto a la respiración, se vuelve superficial y el organismo vive en hipervigilancia aunque conscientemente la persona quiera relajarse y descansar. 

Qué ocurre cuando liberamos la fascia manualmente

Vamos a ver cómo el trabajo corporal y el trabajo fascial tienen una importancia y profundidad mucho mayor de la que muchas veces se imagina. 

Cuando trabajamos manualmente la fascia no solo movilizamos tejidos, también estamos modificando la información que recibe el sistema nervioso.

La presión sostenida, el movimiento lento y el trabajo manual fascial generan cambios mecánicos, neurológicos y también eléctricos dentro del tejido. 

Debido a estas propiedades piezoeléctricas del colágeno que hablábamos, el movimiento y la manipulación fascial producen microcambios bioeléctricos que pueden influir sobre la comunicación celular y sobre la percepción interna del cuerpo.

Cuando el organismo empieza a percibir más seguridad, automáticamente cambia la respiración, disminuye la tensión muscular y el tejido comienza a recuperar movilidad y elasticidad. 

Por eso durante la manipulación fascial profunda muchas personas no solo sienten alivio físico, sino también surgen respuestas emocionales inesperadas como: ganas de llorar, temblores, calor, recuerdos, sensación de descarga o una profunda liberación interna.

Esto ocurre porque cuando el cuerpo deja de sostener tanta defensa, muchas veces también se liberan las emociones asociadas a esos patrones porque el organismo ya no necesita seguir reprimiéndolas de la misma manera.

El cuerpo no puede entenderse por partes separadas

Por eso resulta tan importante dejar de mirar el cuerpo únicamente desde una perspectiva mecánica. 

El cuerpo no puede dividirse realmente en partes separadas. Todo está conectado. 

El sistema nervioso afecta a la fascia. 

La respiración cambia el estado emocional. 

El trauma modifica la postura y la percepción corporal. 

Las emociones cambian la química interna del organismo. 

El dolor impacta en la manera de moverse y relacionarse con el mundo…

Comprender esto cambia profundamente la forma de entender la salud y también la forma de acompañar procesos terapéuticos. 

Porque muchas veces el síntoma no está únicamente donde duele. El síntoma expresa adaptaciones mucho más profundas relacionadas con seguridad, la supervivencia y la regulación interna.

Cuando el cuerpo vuelve a sentirse seguro

Quizá una de las transformaciones más profundas ocurre cuando se deja de luchar contra el cuerpo y se empieza a escucharlo desde otro lugar. 

Porque el verdadero cambio terapéutico no aparece únicamente cuando desaparece el síntoma, sino cuando el organismo deja de vivir organizado alrededor de la amenaza constante y empieza, poco a poco, a experimentar seguridad nuevamente.

Muchas veces ahí es donde el cuerpo vuelve a respirar. Donde la fascia recupera movilidad, donde la tensión deja de ser la postura habitual del organismo… y donde la persona empieza a sentir algo que llevaba mucho tiempo sin experimentar: que el cuerpo ya no necesita luchar y defenderse de la vida.

Tratamiento holístico: Identificar qué parte del sistema sigue sosteniendo la defensa

Cuando una tensión lleva años repitiéndose, como hemos visto, muchas veces no basta únicamente con tratar el músculo o la esfera estructural. 

Necesitamos entender el cuerpo de forma global. Porque el origen del bloqueo no siempre está donde aparece el síntoma.

A veces la raíz está en una emoción reprimida, otras veces en un sistema nervioso que sigue percibiendo peligro…

Es el cuerpo que continúa sosteniendo patrones que aprendió por supervivencia, estrés o hipervigilancia.

Por eso la kinesiología holística tiene un papel fundamental. 

Porque nos permite observar al cuerpo como un sistema interconectado y comprender qué esfera es la que realmente está sosteniendo el bloqueo: la estructural, la emocional, la bioquímica, la energética… o una combinación de varias.

El cuerpo siempre está comunicando información. A través del test muscular podemos comunicarnos con él e identificar correctamente qué parte del organismo sigue atrapada en defensa, para así poder elegir el tipo de terapia con precisión y seguridad.

 Desde la kinesiología Holística el tratamiento deja de centrarse únicamente en aliviar síntomas y empezamos a trabajar sobre el origen real del desequilibrio.

Muchas veces el cuerpo no necesita más intervenciones o insistencia,

necesita sentirse comprendido, escuchado y seguro para dejar de sostener aquello que lleva demasiado tiempo intentando proteger.

Masterclass

Si eres fisioterapeuta, osteópata, terapeuta manual u holístico, y quieres ir al origen de los problemas de tus pacientes, y trabajar de forma más holística… 

El 14 de junio daré una Masterclass sobre kinesiología holística donde hablaré de esto y mucho más. 

Accede al grupo de whatsapp de la Masterclass, donde además compartiré 4 ebooks exclusivos. 

Entra ahora para no perderte nada: HAZ CLICK AQUÍ PARA ACCEDER

Te veo dentro. 

Y nos vemos en el próximo artículo 

Álvaro.

Scroll al inicio
Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad