Neurobreath: el cambio que necesitas como terapeuta

Hay algo que a veces olvidamos cuando nos dedicamos a acompañar a otras personas: nosotros también formamos parte de la consulta.
Entramos con todo lo que sabemos, con las técnicas que hemos aprendido, con nuestra experiencia y nuestra intuición.
Pero también entra cómo hemos dormido, lo que nos preocupa, la conversación que tuvimos esa mañana, el momento vital que estamos atravesando y toda esa carga que quizá llevamos semanas sosteniendo sin darnos cuenta.
Antes de ser terapeutas somos personas. Y no podemos dejar nuestro cuerpo, nuestras emociones y nuestra historia aparcados en la puerta de la consulta.
Por eso hay días en los que acompañar puede sentirse ligero y otros en los que parece que cada paciente chupa un poco de nuestra energía.
Hay personas que nos remueven especialmente. Historias que se parecen demasiado a la nuestra, pacientes que despiertan una necesidad enorme de ayudar, otros que generan rechazo, frustración o una implicación que después nos cuesta soltar.
Incluso podemos encontrarnos pensando en ellos horas después de terminar la consulta. Y quizá ahí haya algo interesante que observar. Porque mientras nosotros miramos el proceso del paciente, el paciente muchas veces también termina haciendo de espejo de nuestro propio proceso.

Tabla de contenidos

El estado desde el que acompañas también importa

No creo que para ser un buen terapeuta tengamos que estar completamente “sanados”. Eso sería exigirnos algo imposible.

Pero sí creo que tenemos la responsabilidad de mirarnos. De saber qué está ocurriendo dentro de nosotros para intentar no colocarlo sobre la persona que tenemos delante.

Porque cuando estamos atravesando miedo, tenemos agotamiento, inseguridad, rabia o una etapa de mucha exigencia, todo eso puede cambiar nuestra forma de acompañar.

Podemos querer salvar más, escuchar menos, implicarnos demasiado, no poner límites o sentir que necesitamos que el paciente mejore para nosotros sentir que hemos hecho bien nuestro trabajo.

Para mí, ser un canal limpio tiene más que ver con esto que con ser perfecto.

Con tener suficiente espacio dentro para escuchar al otro sin llenar su proceso con el nuestro. Con poder sostener sin cargar, ayudar sin rescatar, estar presentes sin absorber.

Porque la herramienta que utilizamos importa, pero también importa muchísimo quién la está utilizando y desde qué lugar lo hace.

Antes incluso de hablar, en consulta ya hay dos cuerpos encontrándose y comunicándose.

Dos respiraciones. Dos historias. Dos sistemas nerviosos.

Nuestro tono de voz, nuestra postura, la velocidad con la que hablamos, nuestra capacidad para permanecer presentes o nuestra propia tensión forman parte de ese vínculo.

El paciente puede percibir muchas de estas señales sin hacerlo conscientemente. Por eso cuanto más presentes y regulados estamos nosotros, más fácil resulta construir un espacio en el que el otro también pueda sentirse seguro para bajar sus defensas.

Y si trabajamos desde una mirada holística, esto todavía tiene más sentido.

No llegamos a consulta solamente con nuestra mente. Llegamos con nuestra esfera física, química, emocional y energética.

Si llevamos semanas durmiendo mal, nuestro estado cambia. Si vivimos inflamados, agotados o sobreestimulados, nuestra capacidad de presencia cambia. Si emocionalmente estamos desbordados, cambia nuestra percepción. Si sentimos que nuestra energía está completamente drenada, también cambia nuestra manera de relacionarnos con el paciente.

Todo está conectado. Y por eso trabajar en nosotros no es algo separado de nuestra profesión. También forma parte de ella.

Hay situaciones que terminan, pero el cuerpo las sigue recordando

El problema es que muchas veces ni siquiera sabemos qué estamos cargando.

Simplemente sentimos que estamos cansados, que algo nos bloquea, que hemos perdido claridad o que ya no conectamos igual con aquello que antes nos ilusionaba.

Y entonces buscamos respuestas en otra formación, otra técnica, otro proyecto, otro cambio.

Pero quizá antes de añadir algo nuevo haya que preguntarnos cuánto llevamos acumulando.

Nuestro sistema nervioso aprende a través de la experiencia.

Cuando vivimos una situación que nos supera, el organismo responde intentando protegernos. Y para ello cambia la respiración, aumenta el tono muscular y aparecen emociones que nos preparan para actuar.

El problema aparece cuando determinadas respuestas se repiten durante tanto tiempo que terminan convirtiéndose en nuestra forma habitual de estar.

La emoción no se queda guardada en el cuerpo en sí. Pero sí se mantiene el patrón fisiológico y emocional que aprendimos alrededor de aquella experiencia.

La tensión.

La hipervigilancia.

La respiración contenida.

La necesidad de controlarlo todo.

La dificultad para parar.

La reacción automática ante determinadas situaciones.

Incluso creencias que terminamos tomando como verdades tales como: “tengo que poder con todo”, “si no ayudo, estoy fallando”, “no puedo decepcionar”, “tengo que demostrar que soy suficiente”.

Y llega un momento en el que dejamos de verlo como una respuesta aprendida y pensamos que simplemente somos así.

Ahí es donde comprender mentalmente muchas veces se queda corto.

Porque podemos saber perfectamente de dónde viene un miedo y seguir sintiéndolo. Podemos haber trabajado una creencia durante años y notar cómo nuestro cuerpo vuelve a reaccionar exactamente igual cuando aparece el estímulo.

Porque entender una historia no significa necesariamente que nuestro organismo haya dejado de responder a ella.

La respiración como puerta de entrada al cuerpo

Por eso la respiración me parece una herramienta tan interesante.

Porque no va direccionado a lo que pensamos, sino que empieza directamente a cambiar lo que está ocurriendo en el cuerpo.

En NeuroBreath utilizamos respiración consciente conectada, una técnica que enlaza la inhalación y exhalación sin las pausas habituales.

Mantener este patrón modifica temporalmente nuestra fisiología y nuestra percepción corporal.

La atención deja de estar tan dirigida hacia todo lo que ocurre fuera y empezamos a sentir mucho más lo que sucede dentro. La respiración, el ritmo cardíaco, las sensaciones, la tensión, el movimiento.

Y cuando dejamos de controlar tanto desde la mente, a veces aparecen cosas.

Puede aparecer una emoción que no esperábamos. Un recuerdo, una imagen, presión en alguna zona del cuerpo, ganas de llorar, de movernos, de hacer un sonido, de respirar profundamente… o simplemente surgir una sensación enorme de relajación.

A veces hablamos de “memoria corporal” para describir precisamente esto: respuestas, sensaciones y asociaciones aprendidas que pueden activarse sin que tengamos que recordarlas conscientemente.

Con Neurobreath buscamos crear un espacio en el que el cuerpo pueda expresarse sin tener que explicarlo todo inmediatamente.

Liberar no siempre significa entender

Esta parte me parece especialmente importante porque estamos acostumbrados a querer poner palabras a todo. ¿Por qué estoy sintiendo esto? ¿De dónde viene? ¿Qué significa? ¿Qué tengo que solucionar?

Pero quizá no siempre necesitamos una respuesta.

Durante una experiencia de NeuroBreath integramos la respiración con sonido, voz, visualización y trabajo somático.

Puede aparecer llanto, movimiento, temblor, emociones intensas o simplemente una sensación de descanso muy profunda.

No buscamos provocar una catarsis. Tampoco obligamos al cuerpo a expresar algo que no está preparado para expresar. Se trata de darle espacio.

A veces lo primero que aparece es simplemente ligereza, como si hubiera más espacio dentro. Después llega la claridad.

El problema que tenías antes de empezar quizá siga exactamente ahí, pero tú ya no lo ves igual. Puedes verlo con más distancia. Distinguir mejor qué quieres, qué estás haciendo por miedo, qué necesitas cambiar o qué llevas demasiado tiempo intentando mantener y que debes soltar

Cuando vuelves a ti, también cambia tu consulta

A esto nos referimos cuando hablamos de un reset nervioso y emocional. Significa salir por un momento de esa forma automática de funcionar y experimentar otro estado desde el que relacionarte contigo mismo.

Más ligero. Más centrado. Más ordenado por dentro.

Y cuando cambia ese lugar interno, también puede cambiar nuestra manera de acompañar.

  • Quizá dejamos de necesitar determinados pacientes para sentirnos válidos.
  • Empezamos a poner límites que antes no poníamos.
  • Reconocemos antes cuándo una persona o un proceso no es para nosotros.
  • Elegimos mejor dónde ponemos nuestra energía.
  • Incluso podemos empezar a construir una consulta más coherente con quienes somos y con las personas a las que realmente queremos acompañar.

No es magia. Es que nos estamos presentando al mundo de forma diferente, estamos cambiando las señales que emitimos y que por tanto pedimos. Cuando estamos más claros y limpios por dentro, elegimos diferente. Comunicamos diferente. Ponemos límites diferentes. Nos posicionamos diferente. Y eso termina cambiando el tipo de relaciones que construimos también profesionalmente.

Quizá por eso cuidarnos como terapeutsa no debería verse como algo secundario.

Podemos seguir aprendiendo técnicas, haciendo formaciones y buscando mejores maneras de ayudar. Pero todas esas herramientas terminan pasando por nosotros. Por nuestro cuerpo, nuestra presencia y nuestra capacidad para estar delante del otro sin perdernos dentro de su proceso.

Esta vez, la respiración es para ti

Por eso esta vez no quiero proponerte NeuroBreath como otra formación más para añadir herramientas a tu consulta.

Quiero proponértelo al revés.

Esta vez no vienes como terapeuta. Vienes como persona.

Vienes a parar, a respirar, a sentir qué está ocurriendo debajo de todo el ruido.

A darle espacio a aquello que quizá llevas demasiado tiempo sosteniendo, a trabajar contigo desde el cuerpo físico, emocional y energético, nuestra química y nuestro sistema nervioso.

Quizá no necesites encontrar una gran respuesta y una gran decisión que lo cambie todo. Quizá necesites sentirte más ligero, recuperar perspectiva, ordenar algo dentro, volver a sentir energía, recordar por qué empezaste a acompañar a otras personas y, sobre todo, desde qué lugar quieres seguir haciéndolo.

Porque pasamos muchísimo tiempo ayudando a otros a volver a sí mismos.

Y quienes acompañamos a otros también necesitamos, de vez en cuando, un espacio para volver a nosotros.

Respiración Online Gratuita

Por eso quiero invitarte a que puedas soltar las cargas y conectar contigo

El martes 15 de septiembre organizaré una respiración gratuita online para que puedas vivir la experiencia Neurobreath desde casa.

Si quieres volver a ti, pincha AQUÍ para acceder al grupo donde daré el acceso.

Un abrazo, Álvaro.

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