El ser humano no solo está formado por células humanas. De hecho, podríamos decir que somos mitad humanos y mitad “bichos”. Por cada célula humana tenemos 1,3 microorganismos en nuestro cuerpo. Eso significa que estamos hechos de aproximadamente 30 billones de células y 38 billones de microorganismos. Es una barbaridad. Y por eso no podemos despreciar la acción que pueden tener estos microorganismos en nosotros.
Con microorganismos nos referimos a bacterias, hongos, virus y parásitos. El 95% de ellos forman la microbiota del colon; pero también los podemos encontrar en la boca, en la piel y en otras mucosas como la respiratoria o vaginal.
Forman parte de nosotros, y con ello, participan en numerosas funciones de nuestro cuerpo; por ejemplo, entrenan al sistema inmune, nos protegen de otras especies patógenas, nutren nuestro sistema nervioso, participan en el metabolismo de nutrientes… y un largo etcétera.
Pero esto no es siempre así. La pérdida del equilibrio interno hace que los “bichos” se descontrolen y se vuelvan contra nosotros. Esto es lo que ocurre por ejemplo en los casos de candidiasis, H.Pylori, parasitosis y otras desregulaciones de la microbiota.
Este desequilibrio y sobrecrecimiento de microorganismos es el responsable de gran cantidad de síntomas crónicos y de la disminución en la calidad de vida.
En el artículo de hoy nos centraremos en los parásitos, especialmente, en los gusanos intestinales. Te voy a explicar qué son, qué síntomas producen, cómo nos dañan… y finalmente qué hacer para solucionarlo.
Tabla de contenidos
QUÉ SON LOS PARÁSITOS
Son microorganismos que de forma natural se encuentran dentro de nosotros en pequeñas cantidades. Pueden entrar a nuestro cuerpo mediante alimentos como frutas y verduras mal lavadas, carne poco cocida, pescado crudo, agua contaminada y sin filtrar… o a través del contacto con animales y superficies contaminadas.
No tienes que viajar a Asia, África, Centroamérica o Sudamérica para encontrártelos. Los parásitos se encuentran en todos lados, incluso en las ciudades modernas.
Hay varios tipos de parásitos. En un artículo anterior (“Parásitos intestinales: los protozoos, síntomas y cómo tratarlos de forma natural”) hablamos sobre los protozoos, que son parásitos más microscópicos (ya que están formados por una sola célula) y producen síntomas irritativos y variantes.
Hoy nos centraremos en el segundo tipo, los helmintos, también conocidos como gusanos intestinales. Éstos si son visibles, ya que son multicelulares y mucho más grandes.
Dentro de los gusanos intestinales también hay varios tipos:
- Nemátodos (gusanos redondos) como oxiuros y áscaris: Tienen un cuerpo cilíndrico y alargado, que hace que se parezcan a pequeños “fideos”. Pueden medir desde milímetros hasta 30cm. Son muy activos, se mueven y migran entre tejidos. Son los más comunes.
- Céstodos (tenias o “gusanos planos”): Tienen un cuerpo plano y segmentado, y pueden medir varios metros. Roban los nutrientes y pueden pasar desapercibidos durante años.
- Tremátodos: Tienen un cuerpo plano y ovalado, en forma de hoja y más pequeños que las tenias. Pueden vivir en el hígado, los pulmones, la vesícula o el intestino.
Los gusanos intestinales, en comparación con los protozoos, suelen generar síntomas más físicos y mecánicos. Se alimentan del huésped (sangre, nutrientes, mucosa), y tienden a generar deficiencias nutricionales y alteración del sueño. Algunos de ellos pueden migrar por lo tejidos afectando a órganos más allá del intestino.
Éstos son algunos de los síntomas relacionados con los gusanos intestinales:
- picor anal (muy típico de oxiuros)
- hambre constante
- déficit de nutrientes (hierro, B12, zinc)
- anemia
- cansancio
- insomnio (activación nocturna)
- bruxismo
- dolor abdominal
- estreñimiento o diarrea
- alergias / urticaria
Otro dato que puedes utilizar para identificar si tienes parásitos es fijarte en los periodos de luna llena. Es curioso pero los parásitos se vuelven más activos durante la luna llena. Esto es porque algunas especies sincronizan la puesta de huevos, migración, actividad y metabolismo con los ritmos lunares. Por eso en luna llena también es uno de los mejores momentos para comenzar una desparasitación.
Durante la luna llena, algunas personas sienten más picor anal, más insomnio, más bruxismo, más ansiedad, más hinchazón, más síntomas digestivos… y se observa mayor movilidad de helmintos y mayor migración dentro del intestino.
LOS PARÁSITOS NO SON LOS MALOS
Aunque produzcan todos estos síntomas, para poder sanar de verdad, debemos tener en cuenta un detalle muy importante:
Los parásitos no son en sí en problema, sino que son el reflejo de que algo más profundo está ocurriendo.
Esto es porque podemos tener parásitos pero que éstos no nos causen problemas. La aparición de síntomas no tiene que ver tanto con la capacidad de los gusanos para crecer y dañar, sino que el terreno en el que se encuentran se lo permita.
Los parásitos no crecerían si el entorno no les dejara hacerlo.
UN TERRENO DESREGULADO
Un terreno desregulado es el terreno favorable para el crecimiento descontrolado de los parásitos. Es cuando el entorno interno rompe su equilibrio y pierde la capacidad para controlar el crecimiento de los microorganismos.
Un entorno se desequilibra cuando:
- La microbiota está debilitada (hay disbiosis): debido a exceso de antibióticos, azúcar, estrés crónico, inflamación o alcohol
- Hay poco ácido estomacal (hipoclorhidria): debido a estrés crónico, inhibidores de la producción de ácido (omeprazol), y alteración en las enzimas y hormonas digestivas. Cuando hay poco ácido, los huevos sobreviven más fácilmente
- La mucosa intestinal está dañada o permeable. El daño ocurre por exceso de gluten, alcohol, toxinas, estrés o una microbiota alterada (disbiosis). Cuando la mucosa está afectada, los parásitos pueden adherirse más fácilmente y crecer.
- El sistema inmunitario está agotado o desregulado. Cuando el cuerpo está inflamado, estresado, sin nutrientes y sin descanso suficiente… pierde su capacidad para identificar y neutralizar parásitos.
- Hay estrés crónico y el modo alerta está activado. El estrés bloquea la digestión, reduce el ácido y las enzimas digestivas, altera la movilidad del intestino, debilita la mucosa, produce inflamación y disminuye la inmunidad. El estrés es uno de los factores más importantes que facilita el crecimiento de parásitos.
- Exceso de tóxicos y un sistema detox colapsado. Cuando estamos expuestos a demasiadas toxinas, el hígado se satura. Cuando esto ocurre, las toxinas circulan por más tiempo, la inflamación aumenta, la barrera y la mucosa intestinal se debilitan, la microbiota se altera, aumenta el estrés y el sistema inmune se sobrecarga. Las toxinas producen un gran impacto en el terreno, generando un contexto ideal para que los parásitos crezcan.
Entender la importancia del terreno es clave, porque con esto puedes comprender que eliminar los parásitos no es la solución final al problema.
ANTIPARASITARIOS
Durante un proceso de tratamiento holístico para gusanos intestinales, estos suplementos pueden funcionar muy bien:
- Tierra de diatomeas: son restos de algas microscópicas con una estructura porosa y afilada. Esta textura daña la superficie de los helmintos rompiendo su estructura, y ayuda a arrastrar los huevos, larvas y restos por el intestino para su expulsión.
- Semillas de papaya: tiene carpaína que paraliza el movimiento de los gusanos, y papaína que degrada las proteínas de la superficie de los parásitos.
- Nogal negro: contiene junglona que funciona como un tóxico para los parásitos, y taninos que también rompen su superficie.
- Clavo: su componente principal es eugenol que destruye los huevos y las larvas evitando que los parásitos vuelvan a reproducirse.
- Aceite de ricino: estimula la motilidad (movimiento) del intestino, evitando que los parásitos se adhieran a la mucosa, y ayudando a expulsar los gusanos y las toxinas por las heces.
Hay que mencionar también que en ciertos casos será necesario utilizar farmacología para acabar con ellos. Y aunque eliminar los parásitos puede ayudarnos a reducir gran cantidad de toxinas, inflamación y síntomas… eliminar los parásitos no siempre es seguro y recomendable. Hay un par de consideraciones que debemos tener en cuenta antes de empezar un tratamiento contra parásitos.
PRIMERO LO PRIMERO
Empezar por una desparasitación no es siempre recomendable. ¿Por qué? Cuando eliminamos parásitos ya sea con antiparasitarios naturales o farmacológicos, se liberan gran cantidad de toxinas; y nuestro cuerpo debe estar preparado para gestionarlas. Esto es una de las cosas más importantes (y menos explicadas) en cualquier proceso antiparasitario. Por ejemplo:
- Si la mucosa y barrera intestinal están débiles, dejan pasar todo. Si empiezas a matar parásitos en estas condiciones: se expulsan toxinas dentro de un intestino inflamado, éstas sustancias pasan a la sangre, aumenta la inflamación sistémica y el sistema inmune reacciona en exceso. Esto puede producir más síntomas: brotes en la piel, niebla mental, irritabilidad, dolor abdominal, intolerancias…
- Cada parásito muerto libera toxinas y sustancias que el hígado debe filtrar. Si el hígado ya está cargado por estrés, toxinas acumuladas, hormonas, mala alimentación.. entonces puede aparecer dolor de cabeza, náuseas, mareos, despertar nocturno (1-3 am), irritabilidad…
- Desparasitar también implica activar el sistema inmune. Si ya está débil por estrés, inflamación, disbiosis o falta de nutrientes, puede ocurrir que no responda bien (limpieza incompleta), reaccione de más (autoinmunidad o alergias) o se agote (más infecciones y más cansancio). Como resultado, uno puede sentir que está peor que antes.
Preparar el terreno (hígado, sistema linfático, colon, sistema inmune) es lo que marca la diferencia entre un proceso que te transforma y uno que te empeora.
Volver a recuperar tu energía, tu bienestar y libertad es posible, y estás muy cerca de lograrlo. Tan solo debes tener en cuenta el paso a paso para desparasitarte y no tomar antiparasitarios a lo loco.
Recuerda esto para eliminar los parásitos y recuperar tu salud:
- Los parásitos no son el problema sino el reflejo de que hay un desequilibrio más profundo en tu cuerpo. Si el terreno (entorno) no lo permitiera, los parásitos no crecerían.
- Eliminar parásitos (con los antiparasitarios) es útil para reducir los síntomas, pero no a largo plazo. Debemos reparar el terreno para evitar que vuelva a crecer.
- Antes de desparasitarte es importante que prepares al organismo. La muerte de los parásitos libera gran cantidades de toxinas, y si las vías de eliminación no funcionan del todo bien, podemos acabar peor que antes de empezar la desparasitación.
Si te gustaría conocer la metodología que aplico con mis pacientes para resolver sus síntomas y no hacer el proceso por tu cuenta (evitando perder tiempo, dinero y energía) puedes ver el vídeo explicativo de la metodología que aplico en mi acompañamiento pinchando AQUÍ.
Espero que te haya sido de utilidad el artículo.
Hasta el próximo,
Álvaro.
